Señor
de la vocación, que no aceptas trozos de nosotros mismos
sino que nos quieres en totalidad porque eres un Dios celoso…
Señor
de la vocación, amante de la humanidad hasta morir por ella,
hermano de todos los hombres, hecho carne hasta la saciedad…
Señor
de la vocación, predicador de un Evangelio duro y gozoso,
Evangelio que es tu propia Persona, esparcida por los caminos del mundo...
Señor
de la vocación, vencedor de la muerte en la misma muerte,
ganador de la Vida eterna que llamamos resurrección…
Señor
de la vocación, estoy aquí, como en otros tiempos,
esperando que me empujes, deseando que me animes, pidiéndote que me
sostengas;
porque he dejado jirones de tu llamada por el camino,
y he experimentado la tristeza de la infidelidad…,
porque no siempre me he fiado de ti.
Ni me he entregado generosamente a mis hermanos…
Señor
de la vocación, estoy aquí, como en otros tiempos,
para entregarte mi realidad de persona pecadora y salvada…
Si me he arriesgado, ha sido por ti.
Si he luchado, ha sido por ti.
Si he sido vencida, ha sido por ti.
No es una excusa, es mi humilde confesión…
Señor
de la vocación, continúa siendo mi único Señor.
Que no me venda a nada ni a nadie. Que no me canse nunca.
Que mi testimonio seas siempre Tú.
I que, al atardecer de cada día, pueda sentir tu mirada en mis ojos,
que me invita nuevamente a caminar i a ser testimonio de tu amor…
Señor
de la vocación, estoy aquí como en otro tiempo,
diciéndote nuevamente que sí.
Nada más.