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  "Mujeres nuevas" para la construcción del Reino

PUBLICADO POR LA CONFER

Con la debida autorización de CONFER

 


 

 

Liliana Franco Echeverri odn

Religiosa de la Compañía de María. Colombia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"En nuestro ser de consagradas hay una referencia constante, explícita y vital a Jesús; Él es el sentido y el horizonte de nuestra vida. Contemplación y acción, dos vertientes de una misma y única opción: JESUCRISTO, la pasión por su persona y su proyecto"

 

 

 

 

 

 

En María contemplamos la Mujer Nueva por excelencia, por lo que ha sido siempre y sigue siendo hoy para la Compañía, síntesis de su identidad...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 7 de abril de 1607 el Papa Paulo V aprobó la Orden, confirmó que este proyecto gestado en el corazón de una mujer era don para la Iglesia, un motivo de alegría y de esperanza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Tender la mano educativamente nos lleva a tener fe en la mujer y en el hombre de todos los tiempos, también del nuestro, a entrar en su propia cultura, a contemplar con ternura sus posibilidades y a acompañar, en esperanza, el crecer de las semillas de resurrección"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Educar es para nosotros hoy, religiosas y laicos que formamos las comunidades educativas, "un estilo de vida, una manera de situarnos, de acoger los desafíos de cada momento histórico para dialogar con ellos y buscar juntos caminos de respuesta. Educar es dejarnos afectar por la realidad para, desde una mirada positiva y esperanzadora, poner manos a la obra"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Nos sentimos llamadas a mantener en los jóvenes la memoria del amor de Dios; a hacer, "con lenguajes nuevos, entendibles y sugerentes" anuncio explícito de Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La religiosa de la Compañía de María es testimonio y coherencia desde la misión que llena de sentido su propia vida; en ella la manifiesta y la ofrece"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teresita Ramírez Vargas odn

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Índice de Contenidos:
Palabras que nos expresan
Y resonó una palabra: MUJER
Y resonó una palabra: SEGUIMIENTO
Y resonó una palabra: MARIA
Y resonó una palabra: COMUNIDAD
Y resonó una palabra: PROYECTO
Y resonó una palabra: EXPANSIÓN
Y resonó una palabra: EDUCACIÓN
Y resonó una palabra: JÓVENES
Y resonó una palabra: TESTIGOS
Y resonó una palabra: MEMORIA
Y resonó una palabra: FUTURO

"Vosotras tenéis una gran historia que construir"

Palabras que nos expresan

Cuatrocientos años de presencia fecunda, como Compañía de María en el mundo no sólo son una gracia, sino también un desafío y una responsabilidad.
¿Qué le aporta a una sociedad que vertiginosamente se abre al cambio, a la globalización, a los avances científicos y tecnológicos... un Instituto religioso que surgió en 1607?

No queremos hacer grandes discursos, ni disertaciones, sólo aproximaciones a lo que después de cuatrocientos años intuimos fundamental, válido, imperecedero e incluso novedoso.

Se trata de expresar lo más significativo de nuestra vida, lo que nos identifica y configura. De compartir con sencillez lo que llevamos dentro: lo que misteriosamente nos habita y nos desborda, da sentido a nuestra existencia y pone un sello especial a nuestra acción. Poner palabra a la vida no es fácil. Lo hacemos con la convicción de que es ella, LA PALABRA, quien nos convoca, nos entrelaza, nos interpela, nos motiva, nos fecunda y nos prolonga en el tiempo:

“Én el principio existía la Palabra
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio junto a Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada.
Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres,
y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron" (Jn 1, 1-5

Nacimos a principios del siglo XVII, un siglo innovador y turbulento, marcado por una tendencia profunda al humanismo y por guerras que acrecentaban la brecha, la división y el dolor en el mundo. Un siglo necesitado de palabras significativas, oportunas, vitales. Ese tiempo nos vio nacer y desde entonces, por opción y pasión, pronunciamos palabras que nos definen y jalonan: mujer, seguimiento, María, comunidad, proyecto, expansión, educación, jóvenes, testigos, memoria, futuro.

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Y resonó una palabra: MUJER…

y con ella la fundadora, el origen, la semilla

Juana de Lestonnac, nació en la ciudad de Burdeos, Francia en 1556, el mismo año en que muere Ignacio de Loyola.
Creció en medio de viñedos y, por eso, supo desde pequeña que los sabores más agradables al paladar, han pasado la prueba del lagar y del tiempo. Se abrió a la vida en medio de la explosión del humanismo y de las luchas de religión, dos circunstancias determinantes en la construcción del proyecto que orientaría su existencia.
Nació en el seno de una familia noble, su padre Ricardo de Lestonnac, consejero del parlamento francés y reconocido católico. Su madre, Juana Eyquem de Montaigne una ferviente calvinista. Aunque se formó en la religión de su padre, desde pequeña experimentó de cerca el aporte del calvinismo a la educación de la mujer. Miguel de Montaigne, filosofo humanista y tío de Juana, incidió profundamente en la formación de su pensamiento , con su visión optimista del mundo, el sentido de la persona humana y las disposiciones a la honradez.

En 1573, Juana contrajo matrimonio con Gastón de Monferrant, en su compañía formó un hogar ejemplar para toda la sociedad de Burdeos. Con el paso de los años y en medio de los avatares de la vida, fortaleció su capacidad de amar, ensanchó sus entrañas, acogió en su regazo a sus cinco hijos, y abrió las puertas de su casa y de su corazón a todos; era para la gente la “Señora Buena”. A los 41 años quedó viuda y se vio abocada a enfrentar con fortaleza y lucidez la administración de su hogar, la educación de sus hijos.
En su juventud, había experimentado la invitación de Dios a seguirle, a servirle de manera radical, pero entonces, dadas las características de la vida religiosa de su época no había podido responder a esa llamada. En la madurez de su vida resonó nuevamente aquella voz: “Cuida hija mía de no dejar apagar la llama que he encendido en tu corazón y que te mueve con tanto ardor a servirme”, y dejándolo todo y a todos se embarcó rumbo a Toulouse, con el fin de ingresar como religiosa al Convento cisterciense de las Feullantinas.

La salud de Juana se deterioró y, con dolor, se vio obligada a replantearse su opción. En una noche de oración en el Cister, en la que se reveló lo más humano de su sentir y lo más divino de su querer Juana de Lestonnac vivió su experiencia fundante, el encuentro de su vocación más auténtica.
Dios gestó a través de ella y para la Iglesia un Instituto dedicado a servir a la mujer a través de la educación, “comprendió que era ella quién debía tenderles la mano”. En esa noche descubrió su vocación: “La mujer debía salvar a la mujer”
Juana vivió y se desvivió por hacer realidad este proyecto. Empeñó toda su existencia en ofrecer a la juventud femenina, formación, posibilidades, espacios, criterios que le permitieran vivir con más dignidad y mayor reconocimiento: la mujer carecía de palabra, poder y decisión… Estaba convencida de que con su obra contribuiría a la “Mayor gloria de Dios, el bien del pueblo y la salvación de las almas”. Juana comprendía claramente la incidencia que una mujer bien formada tenía en la familia y por tanto en la sociedad.
Desde entonces el acompañamiento preferencial a la mujer ha marcado los sueños, búsquedas, iniciativas y decisiones de la Compañía de María.

Mujer,
misterio que fecundas
y embelleces la tierra.
Inspiración de poetas y turpiales,
Por ti parimos
escuelas y hospitales,
dispensarios y casas de acogida.
Junto a ti y a tu dolor
esta nuestra intuición primera,
nuestra ofrenda más simple y genuina.
Tú eres desde entonces y por siempre
preludio de tiempos mejores,
promesa de un mundo nuevo.

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Y resonó una palabra: SEGUIMIENTO…

Jesús como Principio y Fundamento,
como centro y sentido de la existencia

Seguir a Jesús…asumir la vida con El, por El y en El. Incorporar sus criterios, su proyecto, su Buena Noticia.
Nuestra opción fundamental es clara: “consagrarnos con todas la fuerzas al anuncio del Reino”. Tener en lo cotidiano una experiencia personal de Jesucristo que centre nuestra vida y nos impulse al servicio, a tender la mano allí donde sea necesario.
En nuestro ser de consagradas hay una referencia constante, explicita y vital a Jesús; él es el sentido y el horizonte de nuestra vida. Contemplación y acción, dos vertientes de una misma y única opción: JESUCRISTO, la pasión por su persona y su proyecto.
“La Compañía nació de la oración y no se sostendrá sin ella”, ese fue el legado más preciado que nos dejó Juana de Lestonnac.
La Compañía desde sus orígenes cree en la necesidad de propiciar una experiencia personal de oración y encuentro Jesús. Se trata de ese Cara a cara, en el que resuena la “Palabra”, “arde el corazón”, se unifica la vida, se renueva la opción.
Creemos en la validez de orar en comunidad, como hermanas, unidas en una misma espiritualidad –la ignaciana-, en un único deseo “conocimiento interno de Jesús, para más amarlo y seguirlo”.
Orar como Iglesia, es también para nosotras un prioridad. Unirnos a todos los hombres y mujeres que en el mundo buscan a Dios “con sincero corazón”. Celebrar junto a ellos, y en torno a la mesa común, el banquete que nos hace familia y en el cual el Pan, partido y repartido, alcanza para todos.
La oración en la Compañía de María surge en la vida, se alimenta de ella, prepara para asumirla. Es el encuentro con la vida lo que nos retorna al Señor y este Señor el que nos posibilita abrazar la realidad con sus múltiples tonalidades. El nos habla a través de los hermanos y de los acontecimientos.
Hoy seguimos creyendo, como lo hizo Juana de Lestonnac, hace cuatrocientos años, que la vida, es el escenario “sagrado” preferido por Dios, que ella esta repleta de bendiciones, que cada recodo de la existencia es esa tierra sagrada desde la cual Dios habla, llama, interpela, seduce.

En tu seguimiento,
junto a ti,
en tu “Compañía”.
Porque tu voz resuena
y se estremece el alma;
porque a tu paso
siempre renace la esperanza.
Porque al despuntar el alba y al ocaso
en Ti trasciende, se estremece y goza
está frágil condición humana.

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Y resonó una palabra: MARÍA…

Síntesis de nuestra identidad:
   Nuestra Señora, compañera, referente y protectora

Juana de Lestonnac se atreve a identificarse con María de Nazaret. ¡Tiene tanto que ver con ella! Quiere que sea la compañera y el modelo de referencia de la Orden.
Juana encontró en María la síntesis de lo que deseaba vivir: - La discípula que escucha con fidelidad y apertura el querer de Dios.

  •   La que se deja habitar por el Dios que hace maravillas en los humildes y suscita un cántico nuevo.
  •  La que guarda en su corazón cada acontecimiento y permanece en silencio en esos tramos de la vida que se tornan sorprendentes y misteriosos.
  •  La que sigue a Jesús en lo cotidiano, sin más protagonismo que el servicio constante y oportuno.
  •   La que en pie y plena de misericordia, está junto a la cruz y a los crucificados de la historia.
  •  La que es, en la Iglesia, presencia femenina que fortalece, anima, sugiere, revitaliza y acompaña.

En su Compañía, también nosotras hoy, cuatro siglos después, queremos ser esas mujeres nuevas que el mundo y la Iglesia necesitan. Nuestra Señora, ha sido y seguirá siendo fuente de vida e inspiración:
“El camino trazado por las Constituciones tiene por fin el que lleguemos a ser Mujeres Nuevas, revestidas de Jesucristo, para la construcción del Reino. En María contemplamos la Mujer Nueva por excelencia. Por eso, es hoy, y ha sido siempre para la Compañía, síntesis de su identidad…Con Ella, fieles en el servicio del Reino, viviremos nuestro carisma renovado por el Espíritu en cada momento de la historia. Colaboraremos como educadoras, en la formación del hombre nuevo para la construcción de una sociedad fraterna, en donde la fe se manifieste en obras de justicia. Acogeremos la experiencia pascual de muerte y vida para que broten signos de Resurrección en un mundo dividido y no solidario. Congregadas en su Compañía, en unión de corazones, buscaremos con gozo y esperanza, la gloria de un Dios Siempre Mayor”
En María aprendemos cómo guardar la Palabra y con ella recorremos caminos de encarnación en nuestro hoy. Ella es la síntesis de nuestra identidad, la plenitud de nuestro proyecto. Como Ella y en su Compañía queremos “llenar nuestro nombre: HIJAS DE NUESTRA SEÑORA

Nuestra Señora de la Compañía,
Tu conservas en nosotras la alegría,
el gozo del anuncio y de la entrega.
Nos animas a hacer visible al Invisible,
a ensanchar el espacio de la tienda
a guardar todo en el corazón,
a permanecer en pie
junto a la Cruz y los crucificados;
a obsesionarnos por la vida,
a buscar signos de Resurrección.

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Y resonó una palabra: COMUNIDAD…

espacio fraterno, pasión compartida, canto común...

Formar Comunidad fue la primera tarea en la que se empeño Juana de Lestonnac. Pronto fueron cinco: Margarita, Serena, Blanca, Susana, Magdalena…Después vinieron otras y tras ellas otras y esta historia se lleno de nombres, un puñado de identidades y de razones, tras cuatrocientos años de existencia.
Y detrás de cada nombre, un tiempo, un contexto, una lengua, una familia, muchos gozos y también sufrimientos… un llamado que, por la gracia de Dios, nos hizo hermanas, compañeras, amigas. Llamadas a ser Comunidad, a generar, en un mundo con tendencias individualistas y al mismo tiempo cada vez más interrelacionado y plural, la revolución de la fraternidad, de la mesa común, del pan compartido, del lenguaje universal del amor, del único proyecto, vivido desde dimensiones diferentes, en diálogo intercultural.
Cada una, llamada a realizar su existencia como un milagro único e irremplazable, a realizar su vocación más auténtica; y todas, convocadas a integrar esa melodía, en la que la diferencia no disuena, sino que complementa y enriquece.

  •    En comunidad llamadas a discernir el más de la misión, el dónde y el cómo de nuestra entrega.
  •   “Llamadas a continuar haciendo camino con otras congregaciones, discernir propuestas de participación en comunidades intercongre-gacionales para llevar adelante un proyecto común.
  •    Llamadas a favorecer intercambios de personas de unos contextos a otros, que propicien seguir haciendo procesos interculturales y construir la universalidad.
  •   Llamadas a alentar la realización de experiencias nuevas de compartir con los laicos el camino de fe, la espiritualidad...”

Sabemos que la fraternidad es la única posibilidad de “hacer creíble el mensaje que anunciamos”, por eso “hacer de cada grupo comunitario un espacio real de humanización, una escuela de calidad humana, teniendo como Maestro al Señor Jesús. Poner en marcha dinamismos comunitarios que generen espacios de acogida, interrelación, intercambio, interiorización, formación, búsqueda conjunta para la misión... para que cada persona y cada grupo puedan seguir creciendo y construyendo Reino” es un desafío que sentimos con fuerza.

En el fondo no somos tan distintas,
todas tenemos el mismo complejo y frágil corazón.

En el fondo nunca podremos ser distantes,
porque nos une el Mismo y Único Señor.

En el fondo, ser hermanas
ha sido un milagro, una gracia, una opción.

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Y resonó una palabra: PROYECTO…

itinerario, horizonte, posibilidad,
  utopía que quiere hacerse
    camino concreto de encarnación

Como quien construye un edificio, Juana se dedicó a diseñar la maqueta que le daría forma y sobretodo fondo a la obra que intuía. Soñó con piedras vivas, capaces de soportar la prueba del tiempo, de los vientos contrarios, de los sismos que produce la historia. El Espíritu le fue inspirando la manera, le fue sugiriendo el cómo.
No fue fácil, nunca es fácil empezar, romper esquemas, abrir caminos diferentes. Pero, con constancia, capacidad de riesgo, creatividad, diálogo con las instituciones eclesiales, oración, búsqueda, trabajo incesante y fidelidad a la voz del Espíritu, maduró el proyecto. En 1606, redacta el Abregé, o fórmula del Instituto. El 7 de abril de 1607, el Papa Paulo V aprobó la Orden, confirmó que este proyecto gestado en el corazón de una mujer era para la Iglesia motivo de alegría y esperanza.
Nace entonces la primera Orden religiosa apostólica femenina, dedicada a la enseñanza. Juana le entrega al mundo y a la Iglesia una obra plena de novedad y de Espíritu.
El sueño de Juana de Lestonnac se transforma en un genuino Proyecto Educativo en el que ha sabido articular su intensa experiencia de vida con la diversidad de aportes de su época: El humanismo de Miguel de Montaigne, las audacias calvinistas en la educación de la mujer, la experiencia ignaciana y el sistema pedagógico de los jesuitas. Todo orientado a un único fin: la Gloria de un Dios Siempre Mayor.
El 14 de junio de 1638, Juana firma el primer libro de las Constituciones. Ellas se convierten en don de Dios, ideario, fuente de identidad y vínculo de unión. El espíritu de las Constituciones ha marcado desde entonces la vida de la Compañía de María.
Han pasado 400 años desde esta intuición primera. Cada siglo ha marcado unas características, los ecos del Espíritu en los acontecimientos cotidianos han continuado aportándole a esta obra pinceladas de renovación y gracia.
Se han sucedido Concilios, avances tecnológicos, guerras, globalización… circunstancias todas de un mundo en cambio permanente. Y la Compañía ha permanecido atenta a la voz de Dios, al clamor de los seres humanos.
El paso del tiempo no ha desdibujado el Proyecto, lo ha ensanchado y enriquecido, lo ha colmado de validez y significado. Hoy, en algunos contextos, somos menos que en otras épocas y quizá más frágiles, más vulnerables, con menor reconocimiento social; por eso, más que nunca, estamos convencidas de que en la fragilidad Dios hace su obra y por eso seguimos con fidelidad creativa haciendo vida las intuiciones de Juana de Lestonnac:

Esa CONTEMPLACIÓN EN LA ACCIÓN, que nos une a Dios, nos permite sintonizar con su mirada y sus sentimientos y nos interrelaciona con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo para compartir con ellos y ellas, las responsabilidades en la construcción de un mundo más humano.

Una EDUCACIÓN que, a través de diferentes plataformas, nos posibilita “tender la mano” para ayudar a que surja, a que encuentre el sentido d ela vida y las herramientas para enfrentar el presente con responsabilidad y el futuro con esperanza. Una educación que de elementos para contribuir a la transformación de la sociedad.

La PRESENCIA INSPIRADORA DE MARÍA, que nos impulsa a dejarnos habitar por Jesús, a acoger con gozo esa presencia que todo lo desborda y lo transforma y que nos posibilita encarnar en lo cotidiano las actitudes de María.

La ESPIRITUALIDAD IGNACIANA, que nos motiva a vivir en actitud de discernimiento, a amar y servir, buscando siempre la Mayor Gloria de Dios. Que nos abre a un “más” que nos desinstala, a deseos más hondos de intensidad y plenitud.

EL HUMANISMO, pasión y norte de nuestras búsquedas y acciones, “desde la seguridad de que a través de la misión educativa que realizamos, junto con otros y otras, Dios sigue abriendo hoy caminos de encarnación, espacios de humanización y buena noticia en nuestro mundo. Somos hoy esas ‘dos manos que Dios quiso tener para hacer visible su bondad y su ternura’ (Tito, 2-11)”

Este proyecto al que le aposté el alma
y todas mis piedras preciosas,
tiene mucho de luz y de Espíritu,
un centenar de manos unidas
y un recuerdo fuerte y fecundo.

En este proyecto empeñé mis mejores horas.
Y también mis atardeceres con sus respectivos sueños.
Por él, me aventuré a la entrega y al amor,
al servicio, al canto, a la alegría,
a la sencilla y eterna donación.

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Y resonó una palabra: EXPANSIÓN…

Ir más lejos, riesgo, tenacidad,
  pasión que lanza más allá de las propias fronteras

El 2 de febrero de 1640 muere Juana de Lestonnac, para esa fecha ya había 30 casas de la Compañía de María en Francia. Con la certeza de que lo de Dios fructifica a pesar de las dificultades, las religiosas de la Compañía de María vieron expandir la obra por Europa, América, África y Asia.

" Este mundo nuestro se ha hecho, se hace grito y llamada del Señor para nosotras. Las y los jóvenes, la mujer, la familia, toman rostro en el color y los rasgos de todas las culturas y nos impulsan a ofrecernos, como seguidoras de Jesús pobre y humilde, a ser portadoras de humanidad y a descubrir la fuerza salvadora del Evangelio oculto en el corazón de toda persona. Tender la mano educativamente nos lleva a tener fe en la mujer y en el hombre de todos los tiempos, también del nuestro, a entrar en su propia cultura, a contemplar con ternura sus posibilidades y a acompañar, en esperanza, el crecer de las semillas de resurrección”

LA COMPAÑÍA DE MARÍA EN EUROPA:
  un árbol de hondas raíces que busca aires nuevos.

Diez años después de la muerte de Juana, las religiosas de Béziers, Francia, se animaron a cruzar las fronteras y fundaron en Barcelona.
En España la educación femenina era en ese entonces muy incipiente, razón por la cual el aporte de una Comunidad Religiosa dedicada a la educación de la mujer fue muy significativo y dio solidez y permanencia a la obra. Pronto su presencia se hizo vital en medio de un país que configuró la identidad y misión de las religiosas de la Compañía de María, llamándolas “las monjas de la enseñanza”.
En Europa se encuentran nuestras raíces más profundas, la memoria de muchas de nuestras opciones reales, el impulso de sueños auténticos. De allí salieron las misioneras que hicieron posible la expansión por el mundo.
La Compañía hoy une fuerzas con osadía y realismo. Recorre caminos nuevos: Fusión de la Société de Jésus Christ, unión de Provincias y búsqueda de nuevas estructuras interprovinciales para un mayor servicio al Reino.
Vive con gozo y responsabilidad las posibilidades que ofrece el caminar conjunto con los laicos, el beber de la misma fuente del carisma de Juana de Lestonnac.
Quiere seguir tendiendo la mano allí donde hay marginación y pobreza, increencia y falta de sentido. Por eso, hace un esfuerzo constante por acompañar educativamente aquellas situaciones en las cuales la humanidad se encuentra más herida.
Actualmente se encuentra presente en: Francia, España, Italia, Inglaterra, Bélgica, Albania y Holanda.

LA COMPAÑÍA DE MARÍA EN LAS AMÉRICAS:
  una creciente esperanza

En 1733, las religiosas de Perigueux (Francia) realizaron la primera fundación en América en Cap Français (Haití); allí, se empeñaron con todas sus fuerzas en educar a la mujer criolla y negra. Sin embargo, sesenta años después desaparece de allí su presencia, víctimas de las inclemencias del clima y de las atrocidades de la insurrección. Murieron todas y con ellas la Compañía en Haití.
Posteriormente, y con la tenacidad y el empeño de otras mujeres españolas, la Compañía adquirió rostro americano. El afán misionero hizo que rápidamente y de norte a sur se construyeran escuelas: México 1754, Argentina 1780, Colombia 1783… y con ellas se edificara para la mujer americana un panorama de oportunidades y esperanzas.
En las Américas la Compañía de María se ha visto enriquecida por personas de otras culturas, con otros ritmos, lenguas y costumbres. Se camina al lado de camapesinos, indígenas, afroamericasnos…muy cerca de su dolor y de su esperanza. En ese continente se ha sellado con sudor y sangre la pasión por Jesús, el compromiso en favor de un mundo más justo, más solidario, más humano.
La Compañía esta hoy en Estados Unidos, México, Cuba, Nicaragua, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Chile.

LA COMPAÑÍA DE MARÍA EN ÁFRICA:
  un canto que resuena, une, alegra y compromete

En 1948, en vísperas de la canonización de Juana de Lestonnac, la Compañía de María hace eco al clamor del pueblo africano y ensancha su morada hasta ese territorio. Allí asume como propias las búsquedas, los anhelos y las esperanzas de quienes llevan en la sangre una pasión inmensa por la vida y el sonar alegre de los tambores.
Son ya más de cincuenta años educando; caminando con el pueblo africano en la búsqueda de unas condiciones de vida más dignas, más humanas.
La Compañía en África ha adquirido un nuevo rostro, una nueva esperanza. Se tornó misionera, supo de diálogo intercultural, aprendió otras lenguas y fortaleció sus raíces con la savia que surge de lo sencillo y fraterno. Aprendió a permanecer solidaria al lado del pueblo que sufre la marginación, la guerra, la injusticia… y a través de ese dolor asumido desde el Evangelio busca trabajar por la reconciliación, la justicia y la paz.
En África la Compañía está presente en: República Democrática del Congo, Camerún, Kenia, Tanzania y Egipto.

LA COMPAÑÍA DE MARÍA EN ASIA:
  un tesoro por descubrir

En 1959, la Compañía de María acoge el llamado del pueblo asiático y se adentra en el mundo sorprendente y maravilloso de las espiritualidades orientales, la pluralidad de religiones, los avances tecnológicos. Hace suya la sed de esa minoría que busca a Jesús como su Absoluto y quiere vivir cristianamente.
Se hace portadora del Evangelio en oriente, se empeña en ese diálogo interreligioso que humaniza la vida, llena de sentido y busca ofrecerle a los jóvenes espacios para realizarse y trascender. Hace también suyos los clamores de pueblos que sufren la pobreza, la marginación y la guerra.
En un ejercicio constante de contemplación, disponibilidad y respeto, aprende y asume otras maneras de ser, de mirar, de sentir, de querer, de orar…La Compañía va adquiriendo un nuevo rostro que enriquece su identidad.
El sueño de Juana de Lestonnac se fortalece en tierra asiática. Vocaciones de Japón, Filipinas y de otros países de la región, son signos que nos llenan de esperanza, retos que nos lanzan a la creatividad y al compromiso…Semillas que siguen, de una manera impredecible, haciendo surgir la vida y batir las alas de esta Compañía centenaria.
Actualmente se encuentra presente en Japón, Filipinas y Líbano.

Junto a mi pueblo,
muy cerca de su dolor y de su esperanza.
Haciendo la andadura por sus caminos,
entre cantos, rezos y añoranzas.
En el campo, la escuela y el hospital,
desafiando la guerra y la pobreza.
Jalonando sin desistir los proyectos
que recrearán la vida
haciéndola fecunda y abundante,
festiva y para todos.
Junto a mi pueblo,
anunciando buenas nuevas,
componiendo canciones alegres y sonoras.
Junto a mi pueblo
entre pirámides milenarias,
y lagos serenos y profundos
porque el Dios de Jesús
urge, interpela y llama.

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Y resonó una palabra: EDUCACIÓN…

Compromiso con otras y otros para colaborar
en la formación de cada persona, de cada sociedad
de nuestra realdad mundial

Juana comprendió desde la niñez que la mejor manera de incidir en la construcción del ser humano y, por tanto, en la transformación de la sociedad era a través de la educación. Por eso ante la insistente llamada de Dios, se empeñó en acariciar su intuición hasta darle forma y hacerla realidad mediante escuelas en las que la mujer tuviera como referente de vida a María: sus valores y actitudes; en las que se formara de manera integral, a través de un acompañamiento personalizado que potencia las capacidades y respeta el ritmo de cada persona, por eso insistía continuamente en decir: “no olvidéis que cada una calza su propio pie” Esta fue la inspiración de Juana, fruto de una convicción profunda en el valor y la dignidad de la mujer y de un deseo real de educar para posibilitar y dignificar.
Educar es para nosotros hoy, religiosas y laicos que formamos la comunidad educativa, un estilo de vida, una manera de situarnos, de acoger los desafíos de cada momento histórico para dialogar con ellos y buscar juntos caminos de respuesta. Educar es “dejarnos afectar por la realidad para, desde una mirada positiva y esperanzadora, poner manos a la obra”
Concebimos la Educación como un proceso en el que la persona se va haciendo capaz de pensarse a si misma, de interrelacionar con su entorno; de adquirir conocimientos y saberes, de relacionarlos entre sí y aplicarlos en lo cotidiano de la vida.
Nos empeñamos en situar las metas de la educación no sólo de cara a la asimilación y en algunos casos producción de conocimiento, de saber; sino fundamentalmente a la construcción de un ser humano integral que conoce, juzga, opta, se compromete y actúa.
Pretendemos traspasar las aulas de clase y hacer de los lugares habituales, de la cotidianidad, -casa, calle, metro, autobús- ambientes educativos, espacios privilegiados para el aprendizaje, la relación, la convivencia, el compromiso. Llevamos a cabo la misión educativa desde diversas plataformas: Escuela, universidad, hospitales, parroquia; junto a la mujer y la familia; entre los jóvenes, acompañando sus búsquedas y proyectos; en medio de los más débiles y heridos de nuestra sociedad: inmigrantes, desplazados, campesinos, indígenas…; en organizaciones que trabajan por la defensa de la vida, la dignidad, los derechos humanos y de los pueblos…Pluralidad de escenarios para una única misión: evangelizar como educadoras y educadores.