Señor
de la historia,
por Ti surgen los caminos y los caminantes,
y en Ti convergen nuestras pisadas.
Somos semilla esparcida por
los cuatro continentes,
somos fuego joven que arde a pesar de los
vientos
contrarios.
Somos mano tendida pronta a levantar
y a compartir,
somos nombre nuevo, promesa de tiempos
mejores.
Señor Jesús,
tu voz resonó y surgió el encuentro,
la intuición de Juana jalonó nuestra
ilusión,
y en Compañía de María
nuestros sueños se han
hecho fecundos.
Abre nuestro
oído
a las melodías que anuncian vida
y justicia para nuestros pueblos.
Enséñanos a moldear proyectos
creíbles y
solidarios, a optar siempre por el bien del
ser humano.
Y que nuestro corazón tienda a Ti,
para que nuestra
danza cotidiana contagie al mundo de arte,
humanismo y espiritualidad. Amén.
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