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EDITORIAL
El
día 7 de abril de 1607, el Papa Paulo V aprueba la Compañía
de María. Se inicia la andadura, en la Iglesia, de la primera
Orden religiosa apostólica femenina, dedicada a la enseñanza.
Educar a las jóvenes, dotarlas de herramientas éticas
e intelectuales que les ayuden a testimoniar su fe católica
y su propio valer como mujeres, es su razón de ser.
El sueño de Juana de Lestonnac, su fundadora, se transforma
en un genuino Proyecto Educativo en el que articula su intensa experiencia
de vida con la diversidad de aportes de la época: el humanismo
de Miguel de Montaigne, las audacias calvinistas en la educación
de la mujer, la experiencia ignaciana y el sistema pedagógico
de los jesuitas.
Celebrar 400 años de presencia como Compañía
de María en el mundo es una oportunidad para hacer memoria
agradecida de nuestra historia educativa.
Tener historia educativa y una historia larga en nuestro caso, significa
tener raigambre temporal, poder contar con vínculos que anudan
nuestra existencia a una cadena de generaciones que lo han hecho posible,
antiguas/os alumnas/os que siguen construyendo, en este siglo XXI,
la página de la historia que nos corresponde.
Iniciativas
que nos convocan |
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