Experiencia Capítulo General de
Anton Zubiaurre Artetxe
Una pequeña reflexión-impresión sobre el Capítulo de Julio en Roma
Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar en una parte del
Capítulo como laico y desde la Red Laical me sentí incómodo.
Se me hacía algo costoso porque pensaba o intuía lo que
podía suponer de reto un Capítulo y porque era consciente
de mis fuerzas y de mis debilidades.
Me costó dar un sí definitivo. Después de una
reflexión personal y de tratarlo con diversas personas, me animé.
Ahora, después de dos meses, tengo que decir que tuve mucha
suerte, que me considero un privilegiado y que aquellos fantasmas del
inicio eran eso, sólo fantasmas.
El tiempo y la vida capitular me han dado la posibilidad de pensar,
de sentir, de valorar cosas importantes de la vida. Los días
vividos en el Capítulo en un clima de hondura, de oración,
de convivencia suponen para uno la posibilidad de redescubrir formas
de ser y actuar en la vida. Vivir el Capítulo es vivir una experiencia
vital y emocional.
Ha sido un tiempo y un espacio en el que hemos compartido, hemos debatido,
nos hemos abierto y acogido. Nos hemos enriquecido. Tenía en
mi grupo de trabajo personas (religiosas y laicos) de diversas partes
de España y del mundo y podíamos comunicarnos porque
en lo hondo había muchas cosas en las que coincidíamos
incluso antes de empezar a hablar. Son movimientos de identificación
que se dan entre personas que caminan más o menos coherentemente
por el camino de querer ser discípulas, discípulos, seguidores
de Jesús, el Señor, y eso se nota.
Ha sido un tiempo y un espacio que remueve y no te deja indiferente:
la actualidad de los temas tratados, los compromisos que se van asumiendo,
el estilo y el talante humanizador y evangélico de las personas
que participan, los momentos de oración personal y comunitaria,
las eucaristías, el tono vital y relacional, lo celebrativo,
lo lúdico, el espíritu dialógico.....
Ha sido un tiempo y un espacio para redescubrir a
la Compañía
de María. Para observarla desde otras plataformas y con otras
miradas. La Compañía Universal es muy plural en sus modos
de actuar y de comprometerse.
La Compañía está viva y despierta para la atención
y acogida de diferentes modos de vivir el carisma de Juana de Lestonnac
y en el fondo el mensaje de Jesús, el Señor. Viva y despierta
para interpretar y entender los tiempos y la historia en la que nos
ha tocado vivir. Situada para hacer una lectura de los procesos
de cambio que estamos viviendo.
El estilo y esfuerzo formativo y el talante de libertad, de personalización
y de humanización que se han desarrollado a lo largo de
la historia en la Compañía la han marcado y la han posibilitado
a la hora de ser consciente de sus fuerzas y debilidades, le han posibilitado
una ilusión y unas ganas, un saber ser y estar en el mundo y
un deseo constante de actualización y contextualización.
Estamos acostumbrados a observar a la Compañía desde
un lugar muy concreto y, a veces, con unos prejuicios ya conformados.
La Compañía de María es mucha Compañía
si se la observa detenidamente y se la considera desde perspectivas
más abiertas.
Ha sido un espacio y un tiempo para ser “testigos de” y
conocer de cerca situaciones existenciales complicadas y complejas
en las que la Compañía está presente, está activa
y está comprometida de una forma sencilla, callada, sin bombo
ni platillos, pero está “ahí” y está “con”.
Es la coherencia de unas personas que, de unos modos u otros, están
implicadas en procesos de humanización, de crecimiento, de colaboración,
de ayuda, de mejora de la dignidad de las personas con las que conviven.
Ha sido un espacio y un tiempo para observar también las dificultades,
las inseguridades , las dudas de las personas que conforman la Compañía
y que son conscientes de sus debilidades, de sus deficiencias, de sus
problemas para situarse en una nueva era, en un mundo tan complejo,
en una Iglesia tan defectuosa y criticada, pero, como decía
antes, yo he vivido, yo he sentido y yo he interiorizado que la Compañía
quiere seguir un camino cada vez más comprometido con el testimonio
de Jesús, un camino cristiano, un querer “ser como Jesús,
el Señor”.
Me ha hecho pensar el que las personas coincidieran en que hay que
reflexionar, revisar, trabajar, proyectar, etc. desde un compromiso
cristiano real.
Es la coherencia que cada vez se hace y se vive más conscientemente.
Es ir desnudándose de lo que no es esencial, de mediaciones
poco serias y dudosas. Nuestro compromiso es un compromiso humanizador
y ahí está la Compañía haciendo
camino desde plataformas educativas y formativas diversas.
Desde las comunidades de las religiosas de la Compañía,
desde los centros escolares, desde los grupos de Red Laical de diferentes
lugares hasta Mogokoli hay mil realidades distintas en las que la Compañía
se está realizando, se está humanizando, está creciendo,
está acompañando y está celebrando.
Ha sido un espacio y un tiempo para tomar conciencia de lo que se
ha desarrollado y cómo se ha desarrollado la Red Laical de la
Compañía en un tiempo tan corto. Su concepción
y desarrollo como grupos apostólicos ha sido un acierto. Hemos
sentido el peso específico que la Red Laical va cogiendo en
la Compañía. La Red no es algo añadido o anecdótico.
Se trata de un proyecto laical muy unido al futuro de la Compañía
de María y muy dentro de la Compañía.
En el Capítulo participaron 25 laicos de todo el mundo y el
que en un Capítulo General se dedique todo un día al
tema de la Red Laical quiere decir que estamos tratando de algo que
tiene entidad, de algo que tiene calado, de algo que, aún reciente,
tiene futuro.
La Red Laical y eso se vio claro en el Capítulo es una oportunidad,
es una posibilidad que funciona, es una gracia y es un espacio de misión.
Somos convocados y convocadas con y por la Compañía en
Jesús, en el Señor. Se cuenta con nosotras y con nosotros
para hacer un mismo relato desde caminos distintos.
Anton
Zubiaurre Artetxe
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