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Experiencia Capítulo General de
Mª Luz Sarabia Lavín, ODN
Introducción
Ya
antes de ir a Roma, sentía con fuerza que era un privilegio
ir, estar en un Capítulo General, una suerte y una responsabilidad
que debía aprovechar y ejercer al máximo.
Ha sido realmente una experiencia intensa, honda,
vivida con realismo y pasión… una experiencia del
Espíritu; era él
quien me/nos iba llevando en un discernimiento continuo a pasar por
el corazón y la razón lo que es la Compañía
y lo que queríamos que fuera y expresase en los próximos
seis años; saber donde estamos, con quienes estamos y tantos
desafíos formulados, nos movilizó a formular compromisos
cordiales, algo que continuamente se nos invitaba a hacer: formular,
escuchar, reposar, repasar lo oído y compartido para llegar
a un sentir común.
Dos movimientos
No
soy muy ducha en el arte de las mareas a pesar de ser de tierra marinera,
pero durante el capítulo pude sentir no sin vértigos,
dos movimientos que tiraban de mi como anticipo de lo que sería
el espíritu del mismo.
El primer movimiento sería el que me llevó a ultramar,
es decir, el que me llevó desde lo Local
a lo Universal; el
mismo movimiento que de vuelta, me traía a tierras catalanas,
en concreto badaloninas. Eran viajes de ida y
vuelta. El compartir
en grupos tan plurales, oraciones y eucaristías preparadas por
distintos países, te llevaban de un sitio a otro de la geografía
Compañía de María, acrecentando el sentido de
Cuerpo Apostólico Universal. El sentido de identidad se expandía
desde mis realidades cotidianas y desde ellas se me abrían horizontes,
horizontes poblados de compañeros/as laicos, de hermanas que
como yo buscan ser Compañía para este mundo no siempre
justo y con tantas desigualdades. El sentido de pertenencia se te queda
trastocado, enriquecido, más plural, más lleno de humanidad,
más diverso… el eje temático del Capítulo
se encarnó en las personas que estuvimos allí: “Cultura,
identidad, interculturalidad, universalidad, desde nuestro horizonte
de sentido: El Reino”.
El segundo movimiento sería el que va
de dentro a fuera, se
produjo tanto si estaba sin moverme de la orilla como si estaba en
alta mar, era igual. Un movimiento que se alimentaba
de una oración
más íntima y personal, de lo que escuchaba y compartía entre pasillos y descansos o entre helados a plena luz noctámbula;
es lo que me llegaba y me tocaba de los demás, del evangelio,
de lo que se vive y se siente en países lejanos, distantes y
distintos al mío. Diría que es este movimiento el que
más me ayudó a crecer en libertad interior, para expresar
lo que veía, lo que alcanzaba a formular, sabiendo que con ello
arrastraba, en el buen sentido, a otras muchas personas, deseos, inquietudes,
búsquedas; en definitiva, es lo que me fue llevando a vivir
un MAGIS, el que en ese momento se nos estaba regalando a cada uno/a,
una llamada a estar más con Dios y con sus hijos más
amenazados, algo que en el fondo y en la superficie diaria de la vida
es lo que me da sentido y fortaleza para seguir bregando.
Cuando los momentos hablan
No
es fácil resaltar o privilegiar unos momento sobre otros.
Pero me quedaría con estos cuatro, los que os voy a comentar
a continuación; creo que son momentos que vividos al ritmo de
los dos movimientos expresados anteriormente, me ayudaron a entrelazar
una trama – lo que ha sido el Capítulo General, algo que
hoy contemplo con asombro y con un profundo agradecimiento.
1.- La elección de la Superiora General y del Equipo. Aquellos
días fueron unos días muy intensos, fuertes, llenos
de silencios, de palabras que se encontraban para expresar con temor
lo que podría ser voluntad de Dios… días atravesados
de reflexiones sobre lo que sería hoy en día ejercitar
la autoridad junto a la obediencia. Después de las elecciones
me impresionó mucho cuando las provinciales en nombre de sus
provincias, una detrás de la otra, iban expresando alegría
por el nombramiento y se adherían a él, haciendo voto
de disponibilidad para un mayor servicio a la Compañía.
Fue un momento que me habló de fidelidad y entrega.
2.- Los días vividos junto a los laicos/as. Todas las
reflexiones personales, grupales, asamblearias… la dinámica
de escuchar y expresar para llegar a matizar aportaciones… ese
tiempo de bombardeo de compromisos en todos los campos de misión
que se habían propuesto, es lo que fue dando cuerpo y forma
a las búsquedas que ya llevábamos como equipaje de
mano. Las respuestas no vinieron pero sí compromisos y más
compromisos. La red estuvo a punto de romperse más de una
vez; realmente este momento me habló de unir fuerzas para
el bien de la Misión, algo que me taladró el alma.
3.- Las conferencias. Un tercer momento, éste
más esparcido a lo largo del todo el mes, dio fundamento y
mucho contenido al eje temático del capítulo. Charlas
sobre bioética, culturas e identidad, diálogo inter-religioso,
gerencia y administración… etc., nos ayudaron a recoger
todo lo reflexionado en el camino pre-capitular, acrecentar la inquietud
por leer más, ser hombres y mujeres de hoy y para este hoy
que nos toca vivir, para poder tener una opinión propia, alternativa,
que construya pensamiento… Este momento me habló de
actualidad, formación y de diálogo fe-vida.
4.- Jornada de puertas abiertas. Momento estelar y puesta
de largo de nuestro documento capitular. ¿Los invitados? Religiosos/as
de otras congregaciones. Muchos fueron los invitados y no pocos los
asistentes. Fue un día sobrecogedor, poder trabajar y reflexionar
conjuntamente el documento, con personas ajenas a él, fue
una experiencia reveladora de lo que puede hacer el espíritu
de Pentecostés, cuando sopla y nos deja entender lo que entiende
el otro/a desde su propio carisma. Me ayudó enormemente la
naturalidad y el respeto con que se expresaban los invitados, como
iban compartiendo los puntos fuertes y los vacíos que entreveían
de dicho documento. Un día precioso que me habló de
apertura eclesial, una intuición que potenció el deseo
de comunicación y comunión entre religiosos/as.
No me queda más que decir GRACIAS por esta
travesía al corazón de la Compañía, por
haber sido testigo de cómo Juana de Lestonnac nos
sigue animando a que unamos nuestras fuerzas para el bien de la Iglesia, sólo me queda expresar un deseo, que como María lleguemos
a ser esa Compañía que siguiendo los pasos de su Hijo,
transite los márgenes de esta sociedad y sus caminos colindantes,
buscando siempre el mayor bien común, dando respuestas que posibiliten
vida de la buena, de la que sueña Dios para todos sus hijos
e hijas y si hay que salir de noche pues sin miedo saldremos, porque
nos sabemos pescadores/as o educadores/as. En
el nombre del Señor
saldremos a pescar y echaremos las redes hoy y siempre que nos llame
a hacerlo ¿o no? De nuevo, GRACIAS.
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