Formación de cabezas bien hechas más que bien llenas Releer desde la escuela esta frase acuñada por Miguel de Montaigne y asumida por J. de Lestonnac, nos ayuda a comprender que el alumno/a es el sujeto de su propia educación; él/ella es el que piensa, reflexiona, crea convicciones y progresa en un proceso de aprendizaje que le hace capaz de recorrer los caminos del saber de forma au¬tónoma. El educador/a, mediador del proceso de aprendizaje, no da los conocimientos acabados, sino que potencia la autonomía del/la alumno/a, le permite ‘aprender a aprender” y lograr una mente abierta y divergente. La comprensión de que el conocimiento es algo más que yuxtaposición de saberes, nos compromete a realizar un trabajo encaminado al desarrollo de las capacidades, la asimilación de los procedimientos y la adquisición de las estrategias necesarias para que el alumno/a pueda alcanzar su propia autonomía. Conlleva una práctica de enseñanza-aprendizaje que, partiendo del nivel de cada alumno/a, educa actitudes de apertura a la sociedad que le rodea, enseña a establecer relaciones, diferencias y semejanzas, descarta toda pasividad y hace de la resolución de conflictos motivo de nuevos aprendizajes. Se trata, en definitiva, de un sistema que permite hacer del comportamiento el reflejo del desarrollo personal y cultural alcanzado y capacita para que en cada nuevo contexto se continúe aprendiendo. Consecuencias en la práctica pedagógica
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