Camino de Santiago '09
 

 

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El viernes 17 de Julio de 2009 nos encontrábamos en Madrid, un grupo de educadores y alumnos (56 en total)  de 15 y 16 años de varios colegios de España (Almería, Cangas, Granada, Logroño, San Fernando, San Sebastián y Zaragoza) con el deseo de peregrinar a Santiago,  de vivir unos días de otra manera: con alegría, sencillez y generosidad para llegar gozosos a la tumba del Apóstol.

Iniciamos esta aventura llenos de expectativas e ilusión,  dispuestos a vivir sin prisas, gustando y admirando lo que el camino nos regala; sin disfraces, con los cinco sentidos, dejándonos tocar por Dios, la naturaleza, la gente y por la propia vida. En Sarria, Portomarín, Palas de Rei, Melide, Arzua… hemos contemplado la belleza de los diferentes paisajes, los cambios de luz en la mañana y en la noche, los matices de los colores, la majestuosidad del gótico y la sobriedad y recogimiento de las iglesias románicas.

Nuestros oídos  han distinguido el canto de los pájaros en la mañana y la suave visita de la brisa, que hace el camino más agradable y llevadero. Hemos disfrutado escuchando  historias de compañeros, y no han faltado las risas y multitud de cantos que amenizaban la marcha; en otros momentos y tramos del camino hemos recibido al silencio, un silencio acompasado por el sonido rítmico de las pisadas, que posibilita la escucha interior, donde habita lo que nos preocupa, lo que ocupa nuestra imaginación, donde están instaladas nuestras ilusiones y nuestros miedos.

Ningún sentido ha sido ajeno al Camino: el tacto nos ha hablado del peso de la carga a nuestras espaldas; del estado de nuestros pies; cuándo era preciso descansar y cuándo había que volver a caminar. El olfato y el gusto también se han hecho más conscientes y cercanos a lo sencillo: el olor de la mañana, de un campo en flor, de la ropa  limpia…

Hemos experimentado la dureza y exigencia del camino, la fatiga y el cansancio,  las ganas de tirar la toalla y junto a ello la importancia de ayudar y caminar con otros, el afán de superación y saber esperar, sentirnos vulnerables y mascar la impotencia, aprender a acoger la vida como viene sin enmascarar,  y sobretodo hemos vivido con gozo la sorpresa de descubrirnos implicados y necesitados unos de otros, que lo mejor que somos  se nos regala, lo recibimos, nos es dado.

El Camino también nos ha invitado a reconocer a un Dios más grande que nuestras ideas e imaginaciones. El Dios que todo lo habita y que se hace presente en todos. Un Dios que nos desborda, que penetra la sensibilidad, hasta el punto de poder decir, como San Ignacio de Loyola, que el Dios del Camino «habita en las criaturas, en los elementos dando el ser, en las plantas vegetando, en los animales sensando, en los hombres dando entender,  y así  también en mí...» (EE 235).


Uno cree –cuando inicia el camino- que es el protagonista, quien guía sus pasos, que lo hace libremente… pero con los días, la andadura, la experiencia…uno descubre que el camino nos va haciendo por fuera y por dentro; que hay un talante, una dinámica, que cobra vida en nosotros y empezamos a entender lo cotidiano de otra manera: como peregrinos de mirada profunda, dinámicos, abiertos a dejarse hacer  y cambiar por otros, como peregrinos que han descubierto que hay un TU que nos guía y empuja a vivir desde los valores del evangelio.

    Escuchamos otras voces de los participantes del camino:

“..la amistad, la experiencia de vivir el día a día, lo cotidiano con amigos es incomparable.... ese sentimiento de agradecimiento por la vida, por el sol, por el cielo, por la creación... “

“Algo que me sorprendió es el valorar las cosas, disfrutar de un trago de agua, la ducha caliente, el descanso bajo un árbol, la comida...”

“Desprenderte  de todo lo que tienes en casa es posible, te sientes libre y compruebas que puedes prescindir de mogollón de cosas que en el día a día te parecen necesarias y esta experiencia es maravillosa”

“El leer las hojas o escuchar a otra gente, me ha ayudado mucho a esa maduración que yo venía buscando… necesitaba pararme, con Jesús cerca, y compartir todo”

“Con qué poco puedes vivir en el camino... ayudar y ser ayudado, la importancia de la amistad para la vida cotidiana… dar y recibir, ¡valoras todo! ¡con que poco haces mucho!”

“De mis compañeros he aprendido la capacidad de preocupación de unos por otros, la disponibilidad hacia los demás... creo que hemos sido comunidad en camino...”

“Me doy cuenta de que sí es un regalo el poder hacer el Camino, y que se nos da todo”