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21 DE NOVIEMBRE,  PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN EL TEMPLO

 


Presentación de María
Giotto- 1305 (Padua, Italia)



 

   Aportación del "Proyecto Burdeos"

  21 de noviembre 1610 – 21 de noviembre 2010

Colette Codet de Boisse, odn

I.  Orígenes históricos de esta Fiesta en la Iglesia 

          Los Evangelios nos hablan muy poco de María y permanecen, con mayor razón, completamente silenciosos sobre su infancia. Pero, para responder a la piedad popular, autores desconocidos muy pronto pondrán en escena los primeros años de la futura Madre de Dios, con un estilo marcado por lo prodigioso. El origen de la celebración de la “Entrada en el Templo de la Santísima Madre de Dios”, según la terminología de las Iglesias de Oriente y de la «Presentación de la Virgen María», como se conoce en Occidente, se fundamenta pues sobre textos no canónicos, pero que, sin ser auténticos desde el punto de vista histórico, no por esto, muchos de entre ellos, carecen de sentido y alimentaron una devoción mariana que creció sin cesar a lo largo de los siglos.

          El más antiguo de estos textos que hace alusión al episodio de la entrada en el Templo de María Niña remonta al siglo II y habría sido escrito en Egipto. Parece redactado con un fin apologético, pretendiendo solucionar ante los griegos y los judíos la cuestión delicada de la encarnación de Jesús. Ahora bien, no es posible la encarnación sin la absoluta pureza de María. Así pues, el autor concentra toda su atención en esta pureza de María y su virginidad antes y después del nacimiento de Jesús. Si este escrito está también en el origen de varias fiestas litúrgicas, como son las de Ana y Joaquín, alimentó sobre todo el desarrollo ulterior de la mariología. En el siglo V se añadirán al texto nuevos elementos.

Ha llegado hasta nosotros en griego, siríaco, armenio, etíope, georgiano y en antiguo eslavo. San Justino, que falleció alrededor del año 165, lo menciona en su Diálogo con Tryfon, y Orígenes se refiere a él explícitamente en su Comentario de San Mateo. En el siglo XVI el erudito y humanista francés Guillaume Postel (1510-1581) lo tradujo con el título Protoevangelio de Santiago, presentando el texto como si fuera la obra de Santiago el Menor, hermano de Jesús, y poniendo en escena unos acontecimientos anteriores a los relatos de los evangelios canónicos.

Veamos un fragmento:

«Pasaron los meses y cuando la niña tuvo dos años, Joaquín dijo: Llevémosla al Templo del Señor, para que se cumpla la promesa que hicimos, si no el Todopoderoso nos advertirá y rechazará nuestra ofrenda. Pero Ana respondió: Esperemos hasta que cumpla tres años para que la niña tenga la edad suficiente para reconocer a su padre y a su madre. Y Joaquín respondió: ¡Esperemos!

Cuando la niña cumplió tres años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de Hebreos de pura raza, y que cada una coja una antorcha, una antorcha que no se apagará. La niña no debe volverse atrás y su corazón se centrará únicamente en el Templo del Señor. Ellas obedecieron esta orden y subieron juntas al Templo del Señor. Y el sacerdote acogió a la niña y la tomó en sus brazos. La bendijo, diciendo: El Señor glorificó tu nombre en todas las generaciones. En ti revelará en los últimos días la Redención que concede a los hijos de Israel! Hizo sentar a la niña en el tercer peldaño del altar. El Señor Dios derramó su gracia sobre ella. Puesta en pie, se puso a bailar. Y complació a toda la casa de Israel. Los padres bajaron del Templo llenos de admiración y alababan a Dios ya que la niña no se había vuelto atrás. María permanecía en el Templo del Señor, semejante a una paloma, y la mano de un Ángel la alimentaba. »

          Hablando con propiedad, la celebración de una fiesta de la Presentación de María está atestiguada por vez primera en el siglo VIII, en Constantinopla, y san Andrés de Creta le dedica algunas homilías. Pero la Santa Sede no la admitió oficialmente hasta 1372 en la persona del Papa Gregorio XI, entonces en Aviñón. En 1373 Carlos V la introdujo en la capilla real de Francia y al año siguiente invitó a todo el Reino a imitarle.    

Esta fiesta poco a poco fue cobrando importancia y numerosos países la adoptaron, aunque no siempre se celebrara en esta misma fecha del 21 de noviembre, escogida en relación con la dedicación de la basílica de Santa-María-la Nueva, erigida el 20 de noviembre del año 543 sobre la colina de Sión, frente a la explanada del Templo de Jerusalén.

Desde 1505 figuraba en el Misal romano, pero el Papa Pío V, preocupado por la verdad histórica, la suprimió, y en 1585 el Papa Sixto V la restableció.

1. La elección de esta fiesta por Juana de Lestonnac

A.  Una Fiesta escogida en primer lugar para las religiosas

Este episodio, aunque legendario, que presenta a María efectuando su subida espiritual al encuentro de su Dios, alimentándose de sus palabras divinas, santificándose diariamente para llegar a ser templo ella misma, digna de tejer el cuerpo de Cristo, no podía dejar de ser el símbolo de toda consagración y muy especialmente un modelo para las personas llamadas a la vida religiosa.

Para Juana de Lestonnac, cuya pequeña comunidad de cinco estaba todavía en los inicios de su existencia, esta referencia a la que ella había escogido como modelo y protectora para su Orden, le pareció evidente cuando llegó el momento, en 1610, de elegir una fecha para la ceremonia de su profesión religiosa. De este modo
«La Fundadora comunicó al Cardenal de Sourdis que los dos años de Noviciado llegaban a su fin: ella y las Hermanas habían soportado todas las pruebas y estaban dispuestas a responder a la gracia que Dios les concedía de unirse a Él por los tres Votos de Religión en la Orden de Nuestra-Señora, para vivir y morir en ella según el espíritu de su Regla; a su felicidad sólo faltaba la gracia que humildemente le pedían: recibir la Profesión. (…) La Fiesta de la Presentación de la Santa Virgen era adecuada para esta ceremonia y era propia de su devoción. »

De este modo, esta fiesta del 21 de noviembre estaría para Juana, Serena, Magdalena, Isabel y Margarita profundamente cargada de sentido: representando las primicias de esta
  «Congregación de mujeres y jóvenes asociadas en honor y bajo el nombre y protección de la Gloriosa Virgen María Nuestra-Señora.

Su consagración se inscribiría así en la de Nuestra Señora de quien fueron llamadas, por su vocación, a traducir sus actitudes en su vida.
Conocemos lo que sucedió con este proyecto y como el Cardenal de Sourdis, reiterando una vez más su deseo de unir la Compañía de Nuestra-Señora a las Ursulinas, aplazó la profesión y
          «Las Novicias se vieron obligadas a ceder a las alumnas la fiesta que habían escogido para ellas. » 

B.   La Fiesta de las Externas

Ciertamente la decepción fue profunda ante este nuevo golpe del destino, pero no fue suficiente para parar el dinamismo de nuestra Fundadora. Como la consagración a Dios y la misión con las jóvenes no eran más que una sola realidad en su vocación, que esto no se discuta! La imitación de Nuestra-Señora no aprovechaba sólo a las religiosas, era a su obra entera a la que Juana deseaba beneficiar con esta fuente de inspiración y a la que quería proponer este modelo; el nombre mismo que había escogido para su Instituto era una prueba de ello. Y María es un modelo para todo tipo de vocación, y para cualquier edad… El 21 de noviembre se propondría pues a las alumnas, un año después de la apertura de las primeras clases en el Priorato del Espíritu Santo, y algunos días más tarde del inicio de un nuevo año escolar que acababa de comenzar en los locales recientemente adquiridos de la calle del Hâ.
 
 «Un día, haciendo la visita a las clases según su costumbre, (…) recibió la inspiración de ofrecer a Dios las primicias de los frutos de su Orden y de consagrar a la Santa Virgen este grupo inocente, poniéndole bajo su protección. Comenzó exhortándolas a presentarse ellas mismas a esta consagración, a fin de honrar e imitar, cada una en el estado en el que Dios la llamara, a esta divina Madre bendita entre todas las mujeres, y para aprender de ella la sumisión y el amor que deben tener al soberano Autor de todas sus gracias.

Les manifestó que quería celebrar esta ceremonia con cierta solemnidad y que el día de la Presentación de la Santa Virgen era elegido para este propósito, para que celebraran su ofrenda unida a la suya y que hicieran (…) lo que esta admirable Joven había hecho en el Templo de Jerusalén. »

Es fácil adivinar la alegría y el sentimiento de agradecimiento que habitaban el corazón de santa Juana viendo que lo que hacía la novedad de su obra y por la que había luchado tanto, por fin se había realizado: su Instituto religioso al ser  reconocido como tal por Roma, no solamente obtuvo la autorización de apertura de un Pensionado, sino sobre todo la de las clases destinadas a las alumnas externas. Recorriendo estas clases, sintiendo la vida que en ellas palpitaba, viendo estas mentes ávidas de conocimientos y estos ojos llenos de interés, experimentaba en su corazón la alegría de quien recoge la primera cosecha. Al constatar ya los primeros frutos del celo apostólico que la embargaba, en ella brotaba la fuente de una profunda acción de gracias. Y su agradecimiento se expresaba en el lugar mismo de su victoria conseguida por una fuerte lucha y por su misión de educación. De ahí el nombre que ella quiso dar a esta Fiesta:

          «He ahí lo que forjó la piedad de la Madre de Lestonnac, con el fin de rendir homenaje a la Santa Virgen, de la gloria de su nuevo Colegio; a esta ceremonia la llamaba la Fiesta de las Externas y quiso que se renovara todos los años en todas las Casas de su Orden»

C.  El sentido que se daba a esta Fiesta

La preparación de esta celebración destinada a las alumnas muestra el verdadero sentido que la Fundadora quiso darle:

«Se trataba de una explicación del misterio de la Presentación de la Santa Virgen y de las virtudes que ella practicó (…) tanto al pie del altar (…) como junto al Templo (…) les enseñaron la manera de consagrarse a Dios al ejemplo de María (…), el beneficio que reciben al ofrecerse a su Hijo en sus manos, de tomar por modelo las virtudes de su infancia (…) En fin, les motivaron a recordar en su casa lo que la Santa Virgen hacía en la suya.»

Como ven, la relación con Nuestra Señora no se presenta únicamente como una devoción, un ideal al que admirar por hermoso que él sea, y al que intentar imitar, sino que se presenta como una fuerza de acción que orienta hacia su Hijo y reenvía hacia la vida cotidiana y la expresión de las actitudes cristianas fundamentales.

Pues si María es la primera consagrada, el modelo de interioridad, ella es también la primera en poner en práctica las enseñanzas de Jesús y también la primera Apóstol. La invitación dirigida a los alumnos a seguir el camino con María, incluso después de haber vuelto a sus casas, forma parte de esta misma dinámica y manifiesta con claridad la dimensión apostólica que esta relación tenía en la mente de la Fundadora. Esta afirmación tiene relación con la orientación escrita que ella dará más tarde sobre los Pensionados y que retoma la idea del « bien público » mencionado en el Abrégé:

«De tal manera que cuando sus padres las llevarán de nuevo a sus casas (…) toda su manera de comportarse dé testimonio del lugar y la escuela de la que ellas salen, que es la Casa y Compañía de Nuestra Señora.»

En el contexto de los traumas causados por las guerras de religión, la educación que se impartía no pretendía únicamente, en la mente de Juana de Lestonnac, dar  frutos en las clases y en las alumnas que se beneficiaban de ella: éstas, a su vez, estaban invitadas a ser pequeñas maestras de la fe comunicando a todos los que estaban a su alrededor las luces que ellas habían recibido. La Historia de la Orden nos presenta además a varias de entre ellas que reconducían de este modo a su familia a la fe católica, ya sea con sus palabras o por el simple testimonio de su vida.

D.   21 de Noviembre de 1610

Parece justamente que, desde el 21 de noviembre de 1610, esta celebración tuvo un impacto de particular importancia fuera de las Clases, y esto a pesar de la clausura estricta a la que estaba sometida la actividad educativa de la primera comunidad de Nuestra Señora. En efecto,

           «Una multitud atraída por la novedad del espectáculo esperaba en los alrededores el comienzo de la ceremonia»

          Hay que decir que efectivamente el carácter de «novedad» de los comienzos marcaba esta manifestación con todo su esplendor: novedad de estas religiosas docentes que acogían desde hacía un año a niñas y jóvenes de toda condición en régimen de externado; novedad de este Colegio y de los locales de la calle del Hâ donde la Comunidad se encontraba desde el 8 de septiembre de este mismo año de 1610; novedad de un año escolar que comenzaba, ya que, por causa de la vendimia, las «vacaciones generales» se prolongaban «desde Nuestra Señora de Septiembre (8 sep.) o la Exaltación de la Santa Cruz hasta san Lucas o Todos los Santos. »

Novedad que marca también el inicio de toda vida religiosa y que estaba encarnada en la Novicia encargada de preparar a las alumnas en su proceso de consagración; novedad finalmente en esta contribución al restablecimiento del culto de Nuestra Señora, por esta Fiesta de las Externas celebrada por vez primera en su honor y con gran solemnidad y creada por santa Juana:

«Acabada la exhortación, se abre la puerta de las clases, de donde sale una gran multitud de niñas ordenadas en procesión, de dos en dos, con un cirio blanco en la mano. La que encabeza la fila lleva una hermosa imagen de Nuestra Señora y cada una, siguiéndola, imagina las actitudes de esta Hija del Soberano, de quien habla el Espíritu Santo en el Cantar de los Cantares, e imita la belleza, con su devoción y su modestia.

Un Sacerdote las recibe a la entrada de la Iglesia y, después de haber acompañado a la Guía ante el Coro donde coloca la imagen, celebra una Misa solemne en la que todas participan y en el momento del ofertorio cada una hará su consagración según se les ha explicado; la mayoría comulga; y por la tarde, asisten a Vísperas y a las Letanías de Nuestra-Señora, y pasan así todo el día honrándola y dedicándose a su servicio.»

Hay que notar que esta acción de gracias y esta consagración deseadas por nuestra Fundadora formaban parte de la acción de gracias y la consagración por excelencia que es la Eucaristía de Cristo. No había que temer ningún peligro de «mariolatría» en esta dinámica propuesta a estas pequeñas bordelesas: sabemos además que Juana de Lestonnac
   «(…) honraba a Jesús en la persona de María, es también en las manos de María que ella ofrecía sus votos (…) No separaba ni un ápice el uno del otro y en todas sus fundaciones se preocupaba de hacer poner en el altar una estatua de Nuestra Señora con el Salvador entre sus brazos.» .

III.   400 años después…

         Han pasado 400 años desde este 21 de noviembre de 1610… Las modalidades de esta celebración han podido variar a lo largo de los siglos, en las distintas latitudes,  según las sensibilidades de las diversas generaciones, con la evolución del lugar de María en la teología… Pero, ya sea en la Fiesta de la «Niña María» celebrada en España y en los países de cultura española, con las estatuas de María niña honradas este día, o la elección de la más pequeña de las alumnas representando a María y pronunciando la consagración en nombre de todas, o la ocasión para las nuevas alumnas de recibir este día de parte de sus predecesoras la insignia de la Compañía, símbolo de su integración en la familia de Nuestra Señora, cada contexto se ha empeñado a lo largo de estos cuatro siglos, de una forma u otra y según las épocas, en perpetuar esta tradición tanto como ha podido y en ofrecer a los jóvenes de nuestras Casas la ocasión de un proceso de compromiso dinámico en su vida de fe.

Actualmente, en los albores de este tercer milenio, ¿qué « novedades de los inicios » podemos celebrar con ellos? ¿qué sentido podemos encontrar en una dinámica que hable a las generaciones del siglo XXI ? ¿cómo salir del silencio y encontrar las pedagogías que sitúen a María en su justo lugar en nuestro anuncio del Evangelio y en la vida de fe de los jóvenes que nos son confiados ?

A ejemplo de Nuestra Señora, cada generación, cada joven, cada año, cada día es portador de promesas de futuro y fuente de un nuevo inicio… En un mundo que muy a menudo presenta a los jóvenes el futuro con colores oscuros y más bien inquietantes, el 21 de noviembre podría ser la ocasión, entre otras, de ayudarles a tomar conciencia y a sentirse responsables de todo este potencial que les habita, de toda esta potencialidad en germen que sólo pide madurar, de la vocación particular a la que cada uno está llamado a responder, y conducirles así, con María como compañera de camino, a ofrecerse a Dios y a los otros para aportar su piedra en la construcción de un mundo más humano y más fraterno…


Protoevangelio de Santiago: en “Escritos apócrifos cristianos, bajo la dirección de F. Bovon y P. Geoltrain”, La Pléiade, Paris 1997, pp. 87-89.

H.O. (1994) p. 126

Abrégé IV, I. Documentos fundacionales p.27

H.O. (1994) p. 123.

Ibidem.

H.O. (1994) p. 124 y 290.

H.O. (1994) pp. 123-124.

Reglas y Constituciones 1638: R. 10, p. 254.

H.O. (1994) p. 124.

Reglas de 1638: Fórmula de las Clases p. 363: Cap. V (Catálogo de las vacaciones).

H.O. (1994) p. 124.

H.O. (1994) pp. 290-291.

Oración de Consagración del 21 de Noviembre compuesta por las Alumnas de Beaupeyrat, de Limoges (Francia) en los años 1960-1970 :

Oh Santísima Virgen María, venimos junto a Vos
para renovar la Consagración
que Santa Juana de Lestonnac os hizo en el día de hoy
de todos los alumnos de la Compañía de Nuestra Señora.
Somos vuestros y lo queremos ser cada vez más.
Concedednos sentir el horror profundo del mal,
la energía para luchar contra nuestros defectos y vencer las tentaciones;
en las horas difíciles, sed nuestra Luz y nuestra Esperanza.
Dadnos sed de verdad, de Belleza, de Bondad.
Hacednos almas de apóstoles leales, fuertes, puras, generosas.
Bendecid a todos los que amamos:
nuestros Padres, nuestros Profesores, nuestros Compañeros
y todos los Antiguos Alumnos de nuestra Casa.
Os pedimos por nuestro País:
Vos sois Nuestra Señora de Francia: velad por ella,rehaced su alma cristiana.
Que cada uno de vuestros hijos, Oh Señora Nuestra, de nuestra casa,
asuma valientemente su compromiso al servicio de Jesucristo y de su Iglesia. Amén

 

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