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El
arte de conversar
Cuando
me pidieron que escribiera un breve artículo para Compañi@encuentro.es
sobre un día en el Colegio Mayor acepté, aunque un tanto perpleja
porque no sabía bien qué iría a expresar. Lo primero que pensé es que
cada día es distinto en el Colegio Mayor y la que se dirige a vosotros no
es, con certeza, la persona más indicada para escribir esto pues como sabéis
sólo llevo unos tres meses viviendo en el “Montaigne”.
De
todos modos aquí estoy tratando de dilucidar qué hacer. Realmente el
contenido que se podría esperar de este título, lo que se puede tratar de
dar a conocer, es qué hacemos en un Colegio Mayor
y por concretarlo, cómo podríamos hacer llegar a los otros lo que
puede ser un día aquí.
Podría
tomar dos posibles caminos. Uno sería, tratar de contar las actividades,
los seminarios, los encuentros, las celebraciones del trimestre pasado. El
otro, que es por el que me inclino y por el que comienzo, sería centrar la
atención en lo que me parece más primordial en la vida de un Colegio Mayor:
“el
arte de conversar”, que de algún modo dignifica todas las
acciones.
Tener
arte para cualquier acción es admirable, tanto más cuando es arte para
algo tan humano. Quiero en estas páginas, sin minusvalorar el silencio y
las obras, elogiar la singular excelencia de una buena conversación en un
ámbito, una plataforma, una institución, una casa como es un Colegio Mayor,
donde las relaciones gestan todo.
El
arte de conversar es esencial, vertebra lo que hacemos, donde nos jugamos
gran parte de nuestra labor educativa-evangelizadora y por ello ha de ser lo
más excelso según las posibilidades de cada una y de todas. Pues es, además
de un arte personal que se pone de manifiesto en el diálogo de dos ó más
personas, un arte comunitario, un modo de entrar en relación que tenemos
como Compañía de María tomado de la tradición humanista y avalado por
siglos de historia fecunda.
Ciertamente
la conversación, la buena conversación, destila unos frutos sorprendentes.
En ella entramos con todo nuestro ser, con toda nuestra inteligencia,
nuestros sentimientos, nuestras emociones, convicciones y con nuestras
capacidades de persuadir, alentar, aprender y orientar. Es un lugar de
encuentro, de acompañamiento, de formar y formarnos, que quizás no hemos
valorado suficientemente ni practicado asiduamente con destreza.
Dos
ilustres personajes del Renacimiento son referencias a tener en cuenta en el
arte de conversar. Uno es Cervantes,
que en sus magníficos diálogos del Quijote con Sancho tiene buenas
muestras de ello y otro es Michel de
Montaigne que nos deja un texto dedicado exclusivamente al arte de
conversar en sus célebres “Ensayos”.
ENTRE
CERVANTES Y MONTAIGNE
El
diálogo es un elemento fundamental en la gran obra de Cervantes, pues Don
Quijote y Sancho pasan muchas horas de ocio en amables coloquios. ¡Qué
posibilidad las horas de ocio para entablar amables coloquios con las
colegialas ya sea en la cafetería o en cualquier otro sitio, entre los
juegos de mesa, con el cafelito…!
Para
Cervantes el “arte de la conversación” es la interacción elegante,
refinada y mesurada en la que se palpa la buena crianza y la amabilidad de
los interlocutores. La sociedad renacentista prefiere que no salgan a
relucir en la conversación los más íntimos aspectos de la persona, los
cuales no deben ventilarse en el trato social; tampoco se inclina por las
discusiones muy técnicas y abstractas, pues éstas impiden o entorpecen con
sus difíciles razonamientos la comunicación de los interlocutores. Todos
estos excesos deben evitarse en los círculos sociales refinados. Al
cortesano, la sociedad le exige un comportamiento moderado, y un sentido de
mesura en sus actos y gestos.
Una
manera de conversar que no difiere mucho de la que pueden darse en un
recinto como éste, donde jóvenes universitarias, tan plurales y diversas,
viven, conviven, se relacionan. En el trato cotidiano, los asuntos que son
buenos para producir la discusión fructuosa incluyen las películas, los
libros, televisión, sucesos actuales, proyectos, trabajos, manías, su vida
de estudiante, familiar y en su caso amigos mutuos…
Los asuntos de la conversación que son a menudo discutibles incluyen la
religión, la política, y la filosofía. Los aspectos íntimos de la
persona, sus sufrimientos e inquietudes hondas, problemas de relación
quedan más en el recinto de lo privado.
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modales corteses y la profundidad de los hablantes, que aparecen en
algunas conversaciones del Quijote, -se perciben claramente en
diversos coloquios del palacio ducal, en la casa del Caballero del
Verde Gabán y también, en otros lugares de la novela- son características
fundamentales de la conversación educativa-evangelizadora que podemos
tener en nuestros Colegios Mayores. |
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| En
estas pláticas, surgen en las personas ciertos motivos y propósitos
íntimos, que afloran suavemente en el diálogo, bien sea por medio de
breves comentarios que descubren una intención velada, o de ciertas
incitaciones del pensamiento que cristalizan delicadamente en una
frase. Así ocurre en la obra de Cervantes cuando algunos personajes
tienen la intención de sacar a Don Quijote de algún desvarío
literario, o cuando tan sólo desean entretenerse con los desatinos
del hidalgo; en estas ocasiones, podemos apreciar que bajo las formas
de una distinguida cortesía, late, con sus intenciones y motivos, un
nivel interior el cual se ha dado en llamar “subdiálogo”.
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El
nivel subdialógico es la contribución más sobresaliente de Cervantes al
arte de la conversación. Se trata de un estilo novedoso del arte de la
conversación que sobrepasa en amplitud y complejidad las creaciones de los
autores que escribieron antes de Cervantes. Un acento éste del arte
cervantino de la conversación que hemos querido señalar, rescatar y de él
aprender, que manifiesta refinamiento, elegancia y moderación, a la vez que
perfila un plano interior en el personaje.
La
otra figura destacada del Renacimiento, Michel de Montaigne, hombre abierto sin igual, también mostró su
inclinación por una plática enérgica y significativa: “El ejercicio más fructuoso y más natural de nuestra mente, en mi
opinión, es el diálogo. Lo encuentro más dulce que cualquier otra acción
de nuestra vida; y ésa es la razón por la que si me forzaran ahora a
elegir, creo que consentiría en perder más mi vista que mi capacidad de
escucha o de diálogo.
En
lo que respecta a la educación, Montaigne se interesó por la formación
del aristócrata y sostuvo la necesidad de enseñar a los alumnos el arte de
vivir. Este arte se adquiere a través de la capacidad de observación y
conversación y a través de los viajes.
Su
sobrina aprendería de él y de las tertulias calvinistas a las que acudía
con su madre y lo recoge, de forma personal, en la “Conversación
espiritual”, término no corriente en el lenguaje religioso y que
parece inspirarse más bien en el “arte de conversar”.
Lo recomendaba tanto en el campo educativo alumna-profesora como en la
comunidad, en las relaciones fraternas; cabe destacar que incluso a las
enfermas en la Regla 46 les exhorta a que tengan conversaciones buenas y
palabras edificantes con todo el que vaya a verlas.
Gracias
a los escritos que deja Cordier
se descubren las virtudes que aprecia
para el educador de un pensionado:
“Los
coloquios nos permiten imaginar lo que debía ser,
según Cordier, un buen Pensionado
(.,.). Si es severo en la escuela (…), en su casa, el maestro, es mucho más
indulgente; no procede a fuerza de latigazos sino tratando a los niños
“honrada y liberalmente”, mostrándoles benevolencia, complacencia y mostrándoles el ejemplo y el
afecto (…). Procura sobre todo animar a los alumnos para que se dirijan a
él…y habla con los jóvenes durante las comidas”
En
un Colegio Mayor hay diferentes maneras de acercarnos y establecer un diálogo
entre personas. Depende en gran medida de ellas, de la relación que se
tenga y si hay un asunto en cuestión; pero para todas la conversación es
necesaria. A lo largo del día se nos ofrecen miles de posibilidades, desde
la mañana en el desayuno con las limpiadoras, en comunidad a mediodía con
los miles de asuntos que surgen a diario, en el equipo con cada una y en las
reuniones con todas, buscando y valorando siempre lo mejor para la Misión,
con personal de otros servicios, en la portería…pero sobre todo con las
universitarias, de las clases, los estudios, libros, problemas y cuestiones
informáticas, a la vuelta de la escuelita de Cartuja de lo allí vivido, de
familiares, amistades comunes, de personas conocidas, de las parroquias más
activas que congregan jóvenes, de enfermedades, de sus vidas. Y esto, en
comunicaciones desenfadadas y espontáneas, en diálogos ágiles de tu a tu,
en conversaciones de más personas que te buscan por algún asunto
particular y en las que el tema puede ir cambiando a lo largo de la
conversación o en lo que, ya de manera formal, nos comunicamos cuando nos
reunimos en actividades programadas semanal o trimestralmente como los
seminarios de música Jazz, de Cine, de Arte contemporáneo, de Historia, de
Bioética, en el Grupo de Diálogo “Integración fe, vida y cultura”, en
el grupo de confirmación o en las tutorías.
Termino entresacando unas frases de Montaigne
con unos acentos que me parecen de extraordinaria actualidad para vivir en
un Colegio Mayor hoy:
v
La confianza en
la bondad ajena es testimonio no pequeño de la propia bondad..
v
La prueba más
clara de la sabiduría es una alegría continua.
v
Nadie está libre de decir
estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.
v
Para juzgar cosas
grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.
v
La cobardía es la madre de la
crueldad.
v
El signo más cierto de la
sabiduría es la serenidad constante.
v
Cien veces al día burlamos
nuestros propios defectos censurándolos en los demás.
Mª
Luisa Morales, odn.
Colegio
Mayor Montaigne GRANADA
Maturin Cordier (1480-1564), figura del maestro protestante. Le Coultre
J., obra citada, p. 124. Su permanente atención educativa, este sentido
de responsabilidad que reviste el maestro, renovó la educación
humano-cristiana y convertió a Cordier en pionero de una larga generación.
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