Ya por la tarde, se hicieron presentes Begoña, Pame
y Manola y un buen número de religiosas venidas de
las distintas comunidades de Galicia para participar en
una Eucaristía con el pueblo de Miño, que
acudió masivamente a nuestra convocatoria. Fueron
momentos de sentimientos encontrados: por una parte la alegría
del reencuentro entremonjas y con el pueblo y por otra,
las expresiones de dolor por la marcha de la Compañía
de María de esta casa, donde se educaron tantas generaciones.
Queríamos
celebrar la vida de estos 43 años, un tiempo largo
en el que fuimos caminando entre luces y sombras, intentando
seguir a Jesús haciendo Reino desde distintas tareas
apostólicas y recordar a tantas personas que por
aquí pasaron, algunas ya en la casa del Padre y muy
queridas por las gentes de esta comarca.
La parroquia se hizo pequeña para acoger a tantos
amigos que quería decir su último adiós
a la Compañía, vecinos, antiguos/as alumnas
y una representación de personas de las aldeas en
las que algunas religiosas hicieron un trabajo pastoral
durante estos años.
La Eucaristía fue presidida por Cesáreo Canabal,
antiguo párroco de Miño, que fue quien invitó
a las primeras religiosas de la Compañía de
María de nuestra casa de Ferrol y el actual pàrroco,
D. Manuel Castiñeira.
Lola Barro inició la celebración recordando
que la Compañía de María había
venido como respuesta a una llamada a atender y educar a
los niños y niñas pobres del pueblo, en un
momento en el que no existía ningún tipo de
escuela. La Compañía acogió esta petición
ya que estaba en sintonía con nuestro Carisma. Últimamente,
por estar cubierta esta necesidad por un grupo escolar y
no ser necesaria nuestra presencia en este campo, la Fundación
Rita Ramos ha dedicado principalmente la casa para acoger
a distintos grupos como lugar de retiro y convivencia.
Llegó el momento de las ofrendas con la participación
de distintas personas vinculadas a nuestra misión
apostólica:
•
Vecinas, a las que agradecemos su cariño y acogida,
que presentaban unos frutos como símbolo del trabajo
y el compartir diario.
•Padres
y madres de familia, que con unos cirios, expresaban su
deseo de responsabilizarse de la educación en la
fe de sus hijos, siendo para ellos luz que les ilumine en
su camino
•
Inmigrantes, que llevaban un bonito centro de flores, expresión
de interculturalidad y símbolo de su presencia en
este pueblo, donde desean integrarse y ser también
acogidas y reconocidas sus diferencias...
• Antiguas alumnas, que portaban la semilla que deja la
Compañía de María en Miño, con
el deseo de que fructifiquen en obras de justicia y amor.
•
Religiosas, que se comprometen a ser sal y luz en los lugares
donde viven y realizan su misión.
Antes de finalizar la celebración, el actual párroco
de Miño agradeció y nombró a cada una
de las religiosas que habían colaborado con él
en la catequesis de niños y jóvenes.
Terminamos la Eucaristía sintiéndonos rodeadas
por el cariño y la simpatía del pueblo que
expresaba su dolor por nuestra marcha.
Un pequeño grupo nos acompañó a la
casa, donde seguimos recordando todo lo vivido juntos. Y
en medio de un atardecer luminoso, la despedida definitiva,
últimos abrazos y un “hasta siempre”, sabiendo que
lo sembrado aquí, permanecerá porque nuestra
misión ha sido repartir la semilla del Evangelio
y que creer que irá dando sus frutos. No dudamos
que el Reino seguirá haciéndose presente,
aunque nosotras no lo veamos…
La Fundación y su patrimonio pasarán a la
Iglesia, según la voluntad de Doña Rita. La
diócesis asumirá este importante legado y
buscará las mejores manos para que, todo lo aquí
cosechado, pueda seguir dando fruto.
Las personas que, durante este último año,
hemos formado parte de esta comunidad, queremos agradecer
la cercanía y el cariño de las comunidades,
que de distintas maneras nos habéis acompañado.
Que esta experiencia de dolor sea germen de VIDA NUEVA para
la Provincia de España.
Comunidad
de Miño (A Coruña)
4
de Octubre de 2006
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