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El
jueves 6 de diciembre, empezábamos el tercer encuentro nacional de
Vida Religiosa joven en Granada con la invitación a tener la bondad
y sencillez de corazón de un payaso que escucha la Palabra de Dios
y, a pesar de sus resistencias, hace proceso aprendiendo a vivir poniéndose
los zapatos del otro… unas veces con más agrado y otras con
gran disgusto, pero en cualquier caso, saliendo de sí, entregándose
a los demás.
¿Y tú? ¿Has recibido también una llamada de Dios? ¿Qué zapatos
son los que estás invitada a calzarte? Esto es lo que parecían
gritar aquellos dos payasos que, en medio de bromas, nos hacían situarnos
en el encuentro.
Hemos sido cerca de 200 jóvenes religiosos de diversas procedencias
y congregaciones, los que recogíamos el testigo de las palabras de
Alejandro Fernández Barrajón, el presidente de CONFER Nacional,
y de Pedro Belderrain, encargado de iluminarnos con una charla. Alejandro
nos animaba a "seguir apostado por Jesucristo y por la Humanidad con
la misma audacia que nuestros fundadores". Nos exhortó a no desaprovechar
la oportunidad para "apostar por lo auténtico, para ofrecer una
creatividad dinámica y provocadora". |
La vida religiosa, "sabe ponerse todos los días
en oración y salir a las fronteras de la vida para
ser presencia y compañía humana y cristiana,
presencia samaritana en nombre de Jesús", añadió.
Y Pedro nos recordaba nuestra misión, siempre la
misma y siempre nueva: como Jesús, como toda la
Iglesia, hacer presente el Reino de Dios aquí y
ahora. Nos impulsaba a dejarnos ganar por esto que es “una
experiencia más que una causa” y a ser memoria, “una
especie de evangelio desplegado a lo largo de los siglos”.
Nos invitaba a hacer de la profecía nuestra manera
de estar en el mundo, como Moisés en la frontera
entre Dios y el pueblo, intercediendo al uno por el otro.
Una profecía alimentada por el Espíritu en
la oración, la vida fraterna y la entrega, a través
del diálogo, la gratuidad, la sobreabundancia. En
los contextos actuales, seamos testigos de esperanza y
de este profundo sentido de la vida.
Y con todo este “aperitivo” para calentar
el estómago empezábamos el grueso del encuentro
que eran los talleres. Numerosos: 15, y de gran diversidad:
Música, Danza, Inmigración, Diálogo
interreligioso, Medios de Comunicación Social, Exclusión,
Educación, Bioética, Pastoral, Biblia…
Los talleres nos ocuparon la mayor parte del tiempo de
los dos días centrales y hay que agradecer a la
organización lo bien cuidados que estuvieron, por
la calidad de los talleristas invitados, por los medios
puestos a nuestra disposición y por el tiempo dedicado
a ellos. Por si a alguien le surge la duda, sólo
se participaba en un taller. No eran rotativos de manera
que se participara cada sesión en uno diferente.
Esto permitió, al final, obtener unas conclusiones
que fueron el meollo de la Eucaristía del sábado
noche, casi finalizando las jornadas. Allí se plasmó el
fruto de estos dos días, de la interacción
y el encuentro entre nosotros, del compartir… de
la alegría y esperanza de la que queremos ser testigos
activos.
Otro de los puntos fuertes del Encuentro fue la mañana
del sábado dedicada a visitar proyectos llevados
principalmente por religiosos en Granada y, todos ellos,
dedicados a humanizar más este mundo, a llevar a
cabo la misión que nos proponía Pedro Belderrain
el día anterior de hacer presente el Reino como
algo posible ya, en este mundo tan roto. Y es de agradecer
a su vez la participación en la Vigilia de la Inmaculada
en la parroquia de San Francisco de Granada, que nos acogió realmente
con los brazos abiertos y compartiendo con nosotros lo
que son.
Al final, llega el momento de las despedidas, las fotos
finales, la reunión por CONFER regionales, y la
eucaristía de envío, con el deseo renovado
de vivir nuestra misión como Vida Religiosa hoy DESCALZ@S
ANTE DIOS Y DESCALZ@S CON EL PUEBLO. |
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Quiero terminar estas palabras que han pretendido acercaros lo que vivimos
aquellos días con la bendición de la última eucaristía
que recoge el espíritu de fondo del encuentro: “Oh Dios,
fuente de toda luz y origen de todo bien, que enviaste a tu Hijo único,
Palabra de vida, para revelar a las mujeres y a los hombres el misterio
escondido de tu amor. Bendice a estas hermanas y hermanos y concédeles
que al descalzarse delante de Dios y de los hombres habiendo escuchado
al mundo y habiendo escuchado tu Palabra de vida, se sientan penetrados
y transformados por estas realidades y de esta forma sepan anunciar la
Buena Noticia con toda fidelidad a sus hermanos y hermanas, con sus palabras
y con sus obras. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.
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