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Empezar un curso es siempre
algo duro e ilusionante al mismo tiempo. Empezarlo
en Albania, compartiendo vida y tareas con nuestras
monjas y profesorado de Tirana, hace que la ilusión
pase a un primer plano y la dureza desaparezca
como por ensalmo.
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La
avidez por aprender y progresar parece
innata en unas personas que, aunque no
siempre entienden nuestra lengua, intentan
captar a través de los gestos
y la expresión todo lo que podamos
transmitirles. El lenguaje común
para la comunicación durante nuestra
estancia en Albania es el italiano pero,
evidentemente, necesitamos traductoras
constantes porque ni todos podemos hablar
esa lengua ni todos podemos entenderla.
Del
21 al 25 de septiembre, tres personas del
Equipo de Titularidad, vivimos con la comunidad
de Tirana tratando de acercarnos a ese
pueblo y aportando nuestro granito de arena
en las reflexiones que cualquier educador
se plantea ante el reto de un curso nuevo. |
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El trabajo
en equipo, la necesidad de liderazgo y las relaciones
que nos ayudan a crecer como personas fueron el núcleo del trabajo de esos días.
Y todo bien ensamblado en los dinamismos impulsores
del Proyecto Compañía de María.
Conocer más y mejor la tierra albanesa y a sus gentes
nos motivó para plantear la primera acción
formativa “¿Cómo está el
patio?”
En todos nuestros
patios compartimos vida educadores y educandos y
lo hacemos de manera totalmente espontánea:
jugamos, reímos, comemos, compartimos, hablamos… Por
eso en “nuestro patio” aparece lo más
rico de nuestro ser. Aquellas manifestaciones que nos
salen de lo más profundo y que sólo expresan
lo que somos sin disimulos, sin deseos de apariencia,
sin sentirnos observados.
Y pudimos
apreciar, una vez más, que los niños
de aquí y de allá son niños, al
fin y al cabo. Que los maestros, de aquí y
de allá, siguen siendo educadores aun en los espacios
más insospechados. Que los jóvenes, de
aquí y de allá, tienen inquietudes y proyectos
de signo muy parecido, que marcarán su futuro.
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Largo tiempo con un gobierno totalmente impositivo,
en el que las pautas eran uniformes para todos y de
obligado cumplimiento, ha dejado unas secuelas que
sólo podrán romperse con la firme decisión
de abrirse al mundo y descubrir la riqueza que nos
aportan las diferencias. Hoy hemos podido comprobar
que esta actitud es una constante en el pueblo albanés.
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Los educadores del colegio “Arco Iris” se
implicaron, desde el primero hasta al último
momento de nuestra estancia allí, en todas
las dinámicas que propusimos de tal manera
que, aunque simbólicamente, pudimos colaborar
en la construcción, ladrillo a ladrillo,
de una nueva escuela de la Compañía
de María para todos. Se barajaron valores
como la gratuidad, el acompañamiento, la
novedad, la personalización… elementos
clave en la educación de nuestros alumnos
y en los que siempre presentamos un referente claro:
María. Referente final para la Compañía
de un estilo de vivir y de educar. |
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Quedamos emplazados para un
nuevo encuentro. Nos dijimos unos a otros que, sin
un plan continuo de formación,
nuestra tarea acaba siendo monótona y rutinaria
además de desfasada. Y de ahí surgieron
dos proyectos posibles:
- Conseguir un par de becas anuales
para que algunos educadores de Tirana vengan a España
y compartan durante unos días la vida de nuestros
centros.
- Establecer un plan de formación
que, progresivamente, vaya profundizando en los aspectos
fundamentales de nuestro Proyecto Educativo
Todo un reto que ya
estamos intentando encauzar y que deseamos vivir con
sentido de solidaridad y de pertenencia a un Cuerpo
común
en el que todos nos enriquecemos con las aportaciones
de todos.
La Comunidad de Religiosas hizo
posible este encuentro. Nos acogió en su vida con todas las puertas
abiertas y nos facilitó la estancia y el trabajo
a base de cercanía, sensibilidad y un sinfín
de detalles que nos hicieron sentir en casa. ¡Estamos
deseando verlas de nuevo! |
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