Hoja informativa nº50 Madrid, 21 de diciembre, 2009
Empezar un curso es siempre algo duro e ilusionante al mismo tiempo. Empezarlo en Albania, compartiendo vida y tareas con nuestras monjas y profesorado de Tirana, hace que la ilusión pase a un primer plano y la dureza desaparezca como por ensalmo.

    La avidez por aprender y progresar parece innata en unas personas que, aunque no siempre entienden nuestra lengua, intentan captar a través de los gestos y la expresión todo lo que podamos transmitirles. El lenguaje común para la comunicación durante nuestra estancia en Albania es el italiano pero, evidentemente, necesitamos traductoras constantes porque ni todos podemos hablar esa lengua ni todos podemos entenderla.

         Del 21 al 25 de septiembre, tres personas del Equipo de Titularidad, vivimos con la comunidad de Tirana tratando de acercarnos a ese pueblo y aportando nuestro granito de arena en las reflexiones que cualquier educador se plantea ante el reto de un curso nuevo.

El trabajo en equipo, la necesidad de liderazgo y las relaciones que nos ayudan a crecer como personas fueron el núcleo del trabajo de esos días. Y todo bien ensamblado en los dinamismos impulsores del Proyecto Compañía de María.
Conocer más y mejor la tierra albanesa y a sus gentes nos motivó para plantear la primera acción formativa “¿Cómo está el patio?”

En todos nuestros patios compartimos vida educadores y educandos y lo hacemos de manera totalmente espontánea: jugamos, reímos, comemos, compartimos, hablamos… Por eso en “nuestro patio” aparece lo más rico de nuestro ser. Aquellas manifestaciones que nos salen de lo más profundo y que sólo expresan lo que somos sin disimulos, sin deseos de apariencia, sin sentirnos observados.

Y pudimos apreciar, una vez más, que los niños de aquí y de allá son niños, al fin y al cabo. Que  los maestros, de aquí y de allá, siguen siendo educadores aun en los espacios más insospechados. Que los jóvenes, de aquí y de allá, tienen inquietudes y proyectos de signo muy parecido, que marcarán su futuro.

Largo tiempo con un gobierno totalmente impositivo, en el que las pautas eran uniformes para todos y de obligado cumplimiento, ha dejado unas secuelas que sólo podrán romperse con la firme decisión de abrirse al mundo y descubrir la riqueza que nos aportan las diferencias. Hoy hemos podido comprobar que esta actitud es una constante en el pueblo albanés.

Los educadores del colegio “Arco Iris” se implicaron, desde el primero hasta al último momento de nuestra estancia allí, en todas las dinámicas que propusimos de tal manera que, aunque simbólicamente, pudimos colaborar en la construcción, ladrillo a ladrillo, de una nueva escuela de la Compañía de María para todos. Se barajaron valores como la gratuidad, el acompañamiento, la novedad, la personalización… elementos clave en la educación de nuestros alumnos y en los que siempre presentamos un referente claro: María. Referente final para la Compañía de un estilo de vivir y de educar.

Quedamos emplazados para un nuevo encuentro. Nos dijimos unos a otros que, sin un plan continuo de formación, nuestra tarea acaba siendo monótona y rutinaria además de desfasada. Y de ahí surgieron dos proyectos posibles:

  1. Conseguir un par de becas anuales para que algunos educadores de Tirana vengan a España y compartan durante unos días la vida de nuestros centros.
  2. Establecer un plan de formación que, progresivamente, vaya profundizando en los aspectos fundamentales de nuestro Proyecto Educativo

Todo un reto que ya estamos intentando encauzar y que deseamos vivir con sentido de solidaridad y de pertenencia a un Cuerpo común en el que todos nos enriquecemos con las aportaciones de todos.

La Comunidad de Religiosas hizo posible este encuentro. Nos acogió en su vida con todas las puertas abiertas y nos facilitó la estancia y el trabajo a base de cercanía, sensibilidad y un sinfín de detalles que nos hicieron sentir en casa. ¡Estamos deseando verlas de nuevo!

 

 

 
 

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