Hoja informativa nº 7  Madrid, 20 de mayo, 2005

 

Los coches circulan, la gente va de un lugar a otro, en el patio de nuestro colegio un grupo de alumnos corren… Entra aire fresco por la ventana, la habitación está iluminada, la comida se está haciendo, el ascensor sube y baja… como cada día...
Resuenan en nosotras estas palabras cuando nos disponemos a rememorar y escribir el Encuentro de comunidades con personas en formación: "Dejarnos hacer mujeres nuevas en lo cotidiano" (1-3 de abril de 2005). Traíamos ilusiones, inquietudes, esperanzas, interrogantes, problemas... que se concentraban en un tapiz elaborado con distintos materiales, desde lana hasta estropajos, sostenidos en sedal fino, transparente y resistente, que simbolizaba la presencia de Dios en el entramado de nuestras vidas.
 
La reflexión realizada previamente nos había dejado claro que si queremos seguir a Jesús, el que pasó haciendo el bien, teníamos que buscarle en Galilea, es decir, en medio de la vida cotidiana: en los lugares en que nos movemos, en nuestros trayectos, encuentros, relaciones, ocupaciones... Todo eso era y es la Galilea en la que Jesús nos precede como Señor resucitado.

Habíamos descubierto que todo cambia cuando se contempla como espacio y ocasión de encuentro con Él. La mirada contemplativa es capaz de reconocerle precediéndonos y esperándonos en cada uno de esos lugares y momentos. De ese encuentro personal brota necesariamente un estilo de vida nuevo, una llamada a continuar su Misión.

¿Cómo se ven afectadas nuestras comunidades por este modo de vivir, por esta novedad que nos trae su Presencia entre nosotras?. En el tapiz de nuestras relaciones, ¿qué tejidos y colores predominan?. ¿Cómo descubro y vivo el sentido integrador de mi vida, al estilo de María, a partir de las realidades que constituyen la trama cotidiana para dejarme hacer "Mujer Nueva" ?

Este era el punto de partida. Un diálogo enriquecedor entre religiosas de distintas comunidades y procesos de fe. Se constataba el deseo de construir desde la autenticidad y verdad de cada una, con realismo, exponiéndonos para entre todas entretejer la vida comunitaria anhelada. En el gran grupo una música de fondo nos sintonizaba, unos hilos nos entrelazaban, una misma utopía se revelaba: búsqueda del querer de Dios, comunicación profunda, acogida de lo débil, actitudes de cariño y confianza, corresponsabilidad... Coincidíamos en los medios que nos ayudaban en nuestra vida de fe: oración, acompañamiento, recogida del día, testimonios, contextos, escucha atenta, tareas apostólicas...

Todas éramos conscientes de estar acariciando núcleos fundamentales de nuestra opción de vida, de nuestro ser Compañía de María. En el rato de lectura personal que sucedió tras la comida, se nos confirmaba la estrecha relación existente entre experiencia de Dios y vida cotidiana. Ciertamente, como nos indicaba Begoña en el saludo, los dos ejes del encuentro eran cotidianidad, día a día, que no quiere decir rutina, lo gris de la vida, sino donde hemos de vivir en lo concreto y real lo que decimos desear… y crecimiento, que no quiere decir lineal, vertical, siempre aparente, visiblemente hacia delante, sino proceso que se da entre luces y sombras, entre zancadas y caídas.
En el gran grupo, profundizamos en temas plurales: el "vacío", situación existencial que nos acerca a nuestro Origen, experiencia de gracia; el deseo de establecer en nuestras comunidades relaciones recíprocas de "dar y recibir"; las diferencias generacionales; la libertad, don y conquista; la transparencia... Comentarios diversos: unos basados en la experiencia y otros en vivencias aún sin nombrar, algunos convicciones y otros intuiciones... en cualquier caso, comentarios apasionados y sinceros.

Agrupadas por "de-canas", "no de-canas pero sí mayores", "generación gris" y "junioras" tratábamos de mirar desde Dios nuestra historia de cada día y valorarla en lo que tiene de espacio para ser Mujeres Nuevas, seguidoras de Jesús. Esta otra experiencia en grupo pequeño también gustó: se distinguían diferentes tonos en el tapiz, reflejos de cercanía y unión en lo que respecta a momentos de vida.
Tras un breve descanso, nos dispusimos a celebrar la Eucaristía. Marco, como siempre acertado en sus aportaciones: "Querer ver y buscar a Jesús en el sepulcro desemboca en ausencia, mientras que ir a Galilea desemboca en seguimiento. El verbo ir delante, preceder, es el único que tiene a Jesús como sujeto".

En la cena nos enteramos de la muerte del Papa y muchas subimos a la sala de televisión para informarnos. No sólo lo programado, también lo inesperado, provocó el "encuentro" entre nosotras.
A la mañana siguiente disfrutamos con los testimonios de compañeras que compartieron con nosotras "Hechos de vida vividos como oportunidad de crecimiento": "El acompañamiento de adolescentes y jóvenes ha enriquecido mi experiencia de seguimiento" (Carmen Massó); "aunque es verdad que crecemos en las crisis y en las dificultades, mi experiencia es que también podemos crecer con otro tipo de situaciones y vivencias más agradables y positivas"(Inma Naranjo); "a los 20, Jesús me enamoró, yo quería seguirle, ser santa... a los 50, mi provincial, Marisol, se empeñó en que hiciese Ejercicios de mes... aquella experiencia me marcó, ¡me sentí perdonada! ¡Ya me era mucho más fácil perdonar!" (Mariasun Calvo). Sin lugar a dudas, uno de los momentos más agradables de nuestro encuentro, de escucha respetuosa y agradecida.

 Tras realizar la evaluación, constatábamos que quedaban temas abiertos para retomar en comunidad, para seguir reflexionando en el ámbito personal. En las palabras de despedida de Begoña se nos animaba a propiciar encuentros de este tipo entre comunidades próximas geográficamente, por tratarse de una experiencia motivadora, ilusionante...

Terminamos proyectando el futuro, imaginando nuestra vida y la de la Compañía de María como un tejedor. Los comienzos serán el cabo de la madeja en que se "ovilla" toda nuestra Historia de Salvación. Si tiramos de este cabo, nos será fácil deshacer la madeja, reconocer el dibujo del tapiz, seguir añadiendo hilos de color... Y María, mujer de la cotidianidad, será la experta tejedora que esté sentada a nuestro lado.

 

 
 

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