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En Francia, en el s. XVI
y en Burdeos, ese puerto de la desembocadura del Garona que se convirtió
en un importante centro del Humanismo, nos acercamos a la vida de Juana de
Lestonnac.
Entramos
en su casa para conocer a Ricardo de Lestonnac, su padre, consejero del
parlamento de Burdeos; ya su madre Juana Eyquem de Montaigne. El nombre de
Montaigne te puede resultar conocido. Habrás oído hablar de Miguel de
Montaigne, el filósofo autor de Los Ensayos y creador de ese género
literario. Es tío de Juana de Lestonnac.
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Su
fe de adolescente fue sometida a una dura y fecunda prueba.
La
primera experiencia espiritual de Juana, que opta por la fe de su padre,
es una voz que confirma su elección y le marcara toda su vida:
«Cuida,
hija mía, de no dejar apagar esa llama que he encendido en tu corazón y
que te lleva con tanto ardor a seguirme.»
El deseo de servir al Señor le hace
buscar modelos de grandes mujeres: Santa Escolástica, Santa Clara, Santa
Catalina de Siena, Teresa de Ávila... |
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Entre tío y sobrina hubo une relación
entrañable cuya influencia se podrá ver en su obra.
La primogénita de los Lestonnac-Eyquem
de Montaigne nace en 1556. En ese siglo, en Francia bulle un agudo
conflicto politico-religioso: el avance de la Reforma Protestante
que impulsan los seguidores de Calvino, entra en pugna con la
tradición católica y esto se extiende a todos los ámbitos. También
entre los padres de Juana, todavía niña, se abre una profunda
brecha de división religiosa. Su padre, ferviente católico, quiso
comunicarle su fe y la hizo bautizar. Su madre «estaba convencida
de que el mayor beneficio que podía hacer a su hija era educarla en
la religión de Calvino» (H.O. pag. 38). |
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Pero dada la situación de la vida
religiosa en Francia no encuentra camino y ve un signo claro de la
voluntad de Dios en la propuesta de matrimonio que le hace su padre. |
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